4 beneficios de la sabiduría según el libro de Proverbios

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4 beneficios de la sabiduría según el libro de Proverbios

La sabiduría estaba con Dios cuando Él plantó los fundamentos del mundo. El Nuevo Testamento enseña que el agente de la creación fue Jesús, la Palabra eterna y la Sabiduría de Dios (Juan 1:1-14, Hebreos 1:1-4).

Debido a que la Biblia es la Palabra de nuestro Creador, ella es el “manual del propietario” de nuestra alma. Las cosas que ordena son las mismas cosas para las que fuimos creados. Así que obtendremos sabiduría divina cuando nos relacionemos con Dios no solo como un ser divino en general, sino como nuestro Creador. Pero si Jesús es la sabiduría de Dios, entonces para ser sabios también debemos entender el evangelio (1 Corintios 1:24). La lógica del evangelio —que eres un pecador y, al mismo tiempo, un hijo de Dios incondicionalmente amado— brinda una combinación única de humildad y confianza que te hace sabio de una manera en que nada más puede hacerlo. La sabiduría bíblica, entonces, nos lleva de regreso a los mismos fundamentos de la tierra. La única sabiduría que funciona en la vida diaria es esa misma Sabiduría que creó y redimirá al mundo.

A continuación cuatro beneficios de obtener sabiduría:

 

1. EL GOZO DE LA SABIDURÍA

[Habla la sabiduría:] “Allí estaba yo, afirmando Su obra. Día tras día me llenaba yo de alegría, siempre disfrutaba de estar en Su presencia; me regocijaba en el mundo que Él creó; ¡en el género humano me deleitaba!” (Proverbios 8:30-31).

El Padre y el Hijo se deleitaron en el mundo que hicieron y en nosotros. Somos capaces de ver la belleza de Su creación cuando las cosas están correctamente relacionadas entre sí. Por eso creemos que un arco es más hermoso que un campo de rocas, y que el amor es más hermoso que el odio. Cuanto más discernimos cómo encajan las partes de una pieza musical o de una flor, más nos deleitamos en la música y en las flores, no por lo que pueden hacer por nosotros, sino por lo que son: parte de la creación de Dios. La sabiduría consiste esencialmente en discernir y formar las relaciones correctas y regocijarse en ellas.

Dios nos creó simplemente por la alegría y el amor de ello. Él no nos ama por lo que puede obtener de nosotros, sino por lo que somos. Así que la máxima sabiduría es amar a Dios simplemente por quien es Él y valorar a los seres humanos no por lo que podemos obtener de ellos, sino porque reflejan la imagen de nuestro Creador (Génesis 1:26).

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La máxima sabiduría es amar a Dios por quien es Él.
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2. EL BANQUETE DE LA SABIDURÍA

Envió a sus doncellas, y ahora clama desde lo más alto de la ciudad. “¡Vengan conmigo los inexpertos!—dice a los faltos de juicio—. Vengan, disfruten de mi pan y beban del vino que he mezclado. Dejen su insensatez, y vivirán; andarán por el camino del discernimiento” (Proverbios 9:3-6).

La sabiduría nos llama a buscar el camino a su casa, donde nos espera un banquete. La buena comida representa los deseos y apetitos de nuestros corazones. “Con el tiempo crecemos en sabiduría o en necedad dependiendo de cuáles sean los amores y compromisos fundamentales que nos impulsen”. No podemos vencer la adicción al trabajo si amamos demasiado el dinero y el estatus. No podemos vencer la amargura ni la calumnia si amamos demasiado nuestra reputación. No se trata solo de fuerza de voluntad, sino de un reordenamiento de nuestros deseos que conduce a la sabiduría.

El camino de la sabiduría no se caracteriza por soluciones rápidas ni por cambios drásticos. Es un camino de entrenamiento arduo y de disciplina. Pero entrena tu corazón, no solo tu mente y tu voluntad. No te limites a creer en la bondad de Dios; experiméntala por medio de la adoración y de la oración. Los cristianos saben que el máximo banquete para el alma será la cena de bodas del Cordero (Apocalipsis 19:6-9), donde Jesús, el Señor del banquete, nos satisfará plenamente, dándonos el “mejor vino” de Su amor salvador (Juan 2:1-11). Incluso lo poco que Él nos permite probar ahora calmará nuestra inquietud y nos hará sabios. “El monte de Sión arroja mil dulces sagrados [aun] antes de llegar a los campos celestiales y caminar por las calles doradas”.

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El camino de la sabiduría no se caracteriza por soluciones rápidas ni por cambios drásticos. Es un camino de entrenamiento arduo y de disciplina.
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3. EL PROGRESO DE LA SABIDURÍA

El que corrige al burlón se gana que lo insulten; el que reprende al malvado se gana su desprecio. No reprendas al insolente, no sea que acabe por odiarte; reprende al sabio, y te amará. Instruye al sabio, y se hará más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber (Proverbios 9:7-9).

La vida nos reprende a través de los duros golpes de las pruebas y los problemas, los cuales revelan nuestras debilidades y necedades. Los amigos nos ayudan a crecer a través del amor de la corrección. Estas son las dos versiones del método de enseñanza principal de la sabiduría: la “retribución”.

Cuanto más avanzas en el camino hacia la necedad, más interpretas todos los eventos como si apoyaran lo que siempre creíste. Y cuando las cosas van mal, culpas a los demás y a las circunstancias por tus problemas. Esto endurece tu corazón en lugar de suavizarlo, y te hace menos abierto al consejo. Instruye al sabio y será más sabio, pero trata de decirle algo al burlón y será peor de lo que era antes. En el Nuevo Testamento, Jesús expuso este principio. “Al que tiene, se le dará más” (Mateo 13:12-16). Mientras más sabiduría tengas, más sabiduría ganarás en cada giro del camino de la vida. Mientras menos sabiduría tengas, menos aprenderás. Así que aprende de tus errores y de las críticas, cueste lo que cueste.


4. EL COMPAÑERISMO DE LA SABIDURÍA

Si eres sabio, tu premio será tu sabiduría; si eres insolente, solo tú lo sufrirás (Proverbios 9:12).

La sabiduría antigua enseñaba que la única forma de prosperar como persona era poniendo las necesidades de tu familia y de tu comunidad por encima de tus intereses personales. Nuestra cultura moderna rechaza esto por completo. Se nos dice que “seamos fieles a nosotros mismos”, que decidamos quién queremos ser y luego exijamos que nuestra comunidad y nuestra familia lo reconozcan y lo respeten, independientemente de su impacto en las relaciones. Hoy sacrificamos el bien del grupo por la libertad absoluta del individuo. El resultado es un número creciente de personas que se sienten desconectadas y solas. 

Los burlones se ríen de los valores y de las creencias de cualquier comunidad. Por lo tanto, no tienen verdaderos amigos y al final sufren solos. Los cristianos no consideran absolutas ni la voluntad del individuo ni la de la comunidad, sino solo la voluntad de Dios. Cuando creemos en el evangelio, las barreras de orgullo que nos dividen son derrumbadas (Efesios 2:14-16) y los solitarios ganan una familia (Salmo 68:6, Juan 1:12-13). La salvación conduce a relaciones cada vez más profundas, pero el pecado a la soledad.

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Este artículo fue adaptado de una porción del libro Sabiduría de Dios para navegar por la vida, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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