Blogs

RSS
5 preguntas con las que todo cristiano lucha

5 preguntas con las que todo cristiano lucha

Sin lugar a dudas, tu perspectiva de Dios moldeará tu perspectiva de tus circunstancias. Tu teología es como un lente a través del cual examinas la vida. Esto significa que nunca llegas a una circunstancia desde algún punto de feliz neutralidad. Tú y yo siempre estamos evaluando nuestra situación desde el punto de vista del asombro vertical o de la falta de asombro. De alguna manera, al igual que los hijos de Israel, siempre nos estamos haciendo cinco preguntas profundamente teológicas, y la manera en que las contestamos nos conducirá a la esperanza o al pánico.

Es importante decir que, de alguna forma u otra, respondes estas preguntas cada día. Cada día tú y yo razonamos teológicamente sobre nuestras vidas. De esta manera, puede que nuestra vida diaria esté siendo influenciada por nuestra teología funcional más que por nuestra teología formal. La teología que adoptamos inconscientemente puede diferir significativamente de la teología que decimos creer cuando hacemos compromisos teológicos conscientes. El Dios de nuestros esquemas formales puede ser muy diferente del Dios en el que pensamos diariamente en esos momentos en que somos inconscientes de que estamos pensando en Él. Cada día te haces y contestas estas importantes preguntas teológicas, seas pastor, programador de computadoras, secretaria, estudiante o plomero. Y lo haces influenciado por el asombro vertical o por la amnesia del asombro.



1. ¿Es Dios bueno?

Puedes estar seguro de que la bondad de Dios te confundirá. Verás, lo que parece bueno desde la perspectiva perfecta y eterna de Dios no siempre nos parece bueno. Es difícil aceptar que Dios sabe qué es lo mejor para nosotros. Es difícil aceptar que Dios puede utilizar las dificultades para algo bueno en nuestras vidas, por lo que nos resulta difícil confiar en Su plan. Y, nuevamente, el asunto del asombro está detrás de esto. Si vivo en el centro de la capacidad de asombro que Dios me dio —es decir, si el asombro por mí mismo ha reemplazado el asombro por Dios— entonces invariablemente concluiré que Dios no es bueno, y me quejaré por todo.

Si estoy en el centro, definiré lo bueno como todo aquello que sea cómodo, predecible, placentero, natural y fácil. La buena vida será la vida fácil porque el asombro por mí mismo habrá reemplazado el asombro por Dios como la principal motivación de mi vida. Así que cuando llega la dificultad, mi respuesta teológica automática será preguntarme por qué Dios está haciendo lo que hace y dudar de Su bondad. En mis primeros días de ministerio, me sorprendió que muchas de las personas a las que aconsejaba estaban enojadas con Dios y asumían que Él no era bueno.

__________

"Su bondad es el fundamento de todas Sus asombrosas cualidades.
Él nunca piensa, desea, dice o hace lo malo.”
__________

Y aquí está lo peligroso de este tipo de pensamiento. Como he mencionado anteriormente en este libro y en otras partes, si te permites dudar de la bondad de Dios, dejarás de seguir Sus mandamientos y dejarás de acudir a Él en busca de ayuda porque ya no confías en Él. Pero Dios sí es bueno. Su bondad es el fundamento de todas Sus asombrosas cualidades. Él nunca piensa, desea, dice o hace lo malo. Él es la definición de todo lo que es bueno, justo y verdadero. Todo lo que hace es bueno en todos los aspectos. Su bondad es tan gloriosa que debería dejarnos sin aliento, en silencio y maravillados. Y si Su bondad nos maravilla, no temeremos en tiempos de tribulación y no nos negaremos a hacer las cosas difíciles que Él nos llama a hacer.

Desearía poder decir que nunca he juzgado ni cuestionado la bondad de Dios, pero sí lo he hecho. Durante tres años hospedé a mi padre anciano, cuyo pecado había devastado a nuestra familia. Yo esperaba ser usado por Dios para que él se arrepintiera de su pecado, pero nunca sucedió. Un día cayó por las escaleras, quedó en coma y murió. Desde mi perspectiva, no había salido nada bueno de todo aquello. Haberlo hospedado parecía haber sido un enorme desperdicio. Estando en un ascensor del hospital, comencé a descargar toda la ira que había estado acumulando en mi interior. Menos mal que estaba solo. La manera en que cuestioné la bondad de Dios me asustó. Fue humillante que por un breve instante me permitiera pensar que sabía más que Dios, que mi “bondad” era mejor que la Suya. ¿Qué hay de ti? ¿El asombro por la bondad de Dios le da sentido a tu vida? ¿O las dificultades de la vida te llevan a cuestionar Su bondad?



2. ¿Cumplirá Dios lo que prometió?

Pocas preguntas en la vida son más importantes que esta. Debido a que todos somos pequeños y débiles, a que realmente no sabemos lo que sucederá en el futuro y a que Dios nos llama a hacer cosas difíciles, necesitamos saber que Sus promesas son confiables. ¿Estará Él siempre con nosotros? ¿Suplirá todo lo que necesitamos? ¿Nos perdonará? ¿Será Su amor eterno? ¿Continuará Su obra de gracia hasta que esté completa? ¿Nos proporcionará la guía y protección que necesitamos? ¿Lo hará?

Las promesas de Dios están diseñadas para motivarnos. Su propósito es infundirnos esperanza y valentía. Son poderosas para vencer nuestros sentimientos de soledad, incapacidad y miedo, y para darnos paz cuando nos rodean el caos y la confusión. Las promesas de Dios están diseñadas para asombrar tu mente y darle descanso a tu corazón. Son regalos de gracia para ti. En lo profundo de tu corazón, sabes que no mereces las bendiciones que Él derrama sobre ti. Sus promesas deben producir asombro por Él y hacer que te maravilles de la gloria de Su gracia. Sus promesas están diseñadas para ser la forma en que interpretas y le das sentido a tu vida.

Me sorprende el número de creyentes a quienes he visto sumergidos en un estado de parálisis espiritual porque ya no creen en las promesas de Dios. Como no creen en las promesas de Dios, no tienen razones para seguir haciendo las cosas radicales que Dios llama a Sus hijos a hacer. Si la duda reemplaza al asombro, pronto renunciarás a las disciplinas de la vida cristiana. Tu problema no es que la vida sea difícil. Tu problema es que has perdido el asombro por el Dios que hizo las promesas que antes motivaban tu forma de lidiar con la vida. ¿Tienes la esperanza y la valentía que resultan de creer en las promesas de Dios? ¿O cuestionas su confiabilidad?



3. ¿Está Dios en control?

Es fundamental que tu asombro descanse en esto. De alguna forma, todas las demás preguntas se basan en esta. No haría ninguna diferencia en la vida si Dios no gobernara los lugares que se resisten a Su bondad. La confiabilidad de las promesas de Dios depende de la extensión de Su control. Él solo puede garantizar Su intervención donde tenga control absoluto. ¿De qué sirve Su poder si carece de la autoridad para ejercerlo? No sirve de nada saber que Dios está en control si Él no gobierna las circunstancias en las que Su cuidado es esencial. Sí, todo el consuelo que nos ofrecen las asombrosas cualidades de Dios se basa en Su control soberano sobre toda situación, lugar y persona.

__________

“Sí, todo el consuelo que nos ofrecen las asombrosas
cualidades de Dios se basa en Su control soberano
sobre toda situación, lugar y persona.”
__________

Pero aquí está el problema: a simple vista, tu mundo no parece estar bajo un control cuidadoso y sabio. De hecho, por momentos parece estar completamente fuera de control. Esto nos lleva de regreso al mismo punto donde nos han llevado las otras preguntas. ¿Vas a dejar que sean tus circunstancias las que te digan quién es Dios, o que sea la asombrosa revelación de Dios sobre Sí mismo la que interprete tus circunstancias? Verás, las personas que viven con miedo, que se atormentan con demasiadas preguntas de tipo “¿y si...?” o que no logran apagar su cerebro cuando se van a dormir no tienen un problema de circunstancias; tienen un problema de asombro. En esas situaciones donde no tenemos el control, solo podremos descansar cuando estemos asombrados por Aquel que las controla para Su gloria y nuestro bienestar.

El problema principal de las personas que creen que tienen que estar en control no es uno de poder; tienen un problema de asombro que les produce un hambre de poder. Una falta de asombro por la soberanía de Dios causa que traten de establecer su paz personal y su seguridad mediante el control personal. ¿Qué hay de ti? ¿Has sido liberado de tu temor y de tu necesidad de estar en control por el asombro que produce la soberanía infinita de Dios?



4. ¿Tiene Dios el poder necesario?

¿Cómo mides el poder de Dios? ¿Cómo pueden mentes débiles entender algo infinito? Las Escrituras nos dicen que Dios viene a nosotros con el mismo poder que levantó a Cristo de los muertos. ¡Esa es la definición de poder absoluto! ¿Qué sería más poderoso que la capacidad de infundir vida a un cuerpo muerto? ¿Cuál podría ser una mejor definición de poder omnipotente que el ser capaz de levantarse y caminar después de estar muerto? No existe lugar en donde los seres humanos sean más impotentes que ante la muerte.

Si has experimentado la muerte de algún ser querido, sabes a qué me refiero. Permanecí junto a la cama de mi madre después de que ella murió, deseando tener una última conversación con ella, anhelando poder escucharle decir “te amo” una última vez, deseando que ella pudiera tomar mi mano y decir que todo estaría bien. Lo deseaba con todo mi corazón, pero ella se había ido y yo no podía hacer nada al respecto.

__________

“El poder de Dios es tan grande que Él gobierna
la vida y la muerte.”
__________

El poder de Dios es tan grande que Él gobierna la vida y la muerte. Ahora, esta es la razón por la que esto es importante. Solo podrás tener paz ante tu propia debilidad, tus fracasos y tu incapacidad cuando seas asombrado por el maravilloso poder de Dios. Solo podrás hacer lo que no tienes la capacidad natural de hacer cuando sepas que el asombroso poder de Dios está contigo. El asombro por el poder de Dios produce valentía ante la debilidad. El asombro por el poder de Dios permite que admitas tus límites y aun así vivas con valentía y esperanza. El temor, la negación, el esconderse, excusarse o huir no son principalmente problemas de debilidad, sino problemas de asombro. Puedo enfrentar lo que es más grande que yo porque sé que Aquel que está conmigo es más grande que lo que estoy enfrentando. ¿Qué hay de ti? ¿Cuánto de lo que haces lo haces por miedo y no por fe? ¿Cuán frecuentemente eres paralizado por tu debilidad? ¿Vives con valentía a la luz de tu asombro por el poder de Dios?



5. ¿Tiene Dios cuidado de mí?

Quizá sea esta la pregunta de la que somos más conscientes. Es la pregunta que se hace el niño que es acosado en el colegio. Es la pregunta que se hace la esposa que observa cómo su matrimonio se derrumba. Es la pregunta que se hacen los padres que terminan exhaustos después de un día difícil con sus hijos. Es la pregunta que se hace la mujer soltera, el hombre que perdió su trabajo y la persona que tristemente tuvo que abandonar la iglesia por su mala doctrina; la que se hace el débil anciano que sufre y el enfermo que lucha contra una enfermedad crónica. Es la pregunta que te haces cuando observas que la cultura que te rodea va de mal en peor.

El cuidado de Dios es fundamental. Me permite saber que todos Sus atributos operan a mi favor. Su cuidado significa que será bueno conmigo. Su cuidado significa que hará lo que me ha prometido. Su cuidado significa que ejercerá Su control a mi favor. Su cuidado significa que desatará Su asombroso poder a mi favor. El asombro por Su cuidado me permite abrazar la esperanza que me dan todas sus demás cualidades. La Biblia nunca cuestiona el cuidado de Dios; lo asume y lo declara. Te confronta con la naturaleza de Su misericordia, amor, paciencia, gracia, ternura y fidelidad. Él es el Padre más amoroso. Él es el único Amigo que es completamente fiel, el que permanece más cerca que un hermano. Él nunca te abandonará. Él es el que no te envía si no va contigo. Es tu protector, guía, defensor, maestro, salvador y sanador. Él nunca se burla de tu debilidad, sino que te fortalece. Nunca utiliza tu pecado contra ti, sino que te otorga el perdón. No tiene favoritos, nunca se da por vencido contigo; no se agota ni desea renunciar. Nunca es desleal. Su cuidado es tan asombroso y completo que nada de lo que experimentes en tu vida se le compara. ¡Él tiene cuidado de ti!

__________

“Él es el que no te envía si no va contigo. Es tu protector, guía,
defensor, maestro, salvador y sanador.”
__________

¿Qué hay de ti? ¿Atraviesas tiempos de desilusión y quejas porque te has permitido dudar de Su cuidado? El tamaño de tu esperanza es directamente proporcional al nivel de tu asombro por el cuidado de Dios.

Así que toda queja y todo gruñido es profundamente teológico. Nuestro problema no es que la “buena vida” nos haya abandonado, que las personas nos hayan fallado o que la vida haya sido difícil. Todas estas cosas nos suceden porque vivimos en un mundo caído. Y si nuestro contentamiento se basa en que la vida sea fácil, cómoda y placentera, no tendremos contentamiento en este lado de la eternidad. Nos quejamos demasiado no porque tengamos problemas horizontales, sino porque tenemos un problema vertical. Solo podrás tener gozo cuando el asombro por Dios gobierne tu corazón, y lo tendrás aunque otros te decepcionen y la vida sea difícil. El asombro significa que tu corazón se llenará reconociendo la bendición más que la necesidad. Serás maravillado diariamente por lo que se te ha dado, en lugar de sentirte perturbado constantemente por lo que crees necesitar. El asombro produce gratitud, la gratitud infunde gozo, y el resultado del gozo es el contentamiento.

Es muy probable que te quejes el día de mañana, y cuando lo hagas, clama al Salvador por ayuda. Solo Él puede abrirte los ojos para que contemples Su gloria. Solo Su gracia puede satisfacer tu corazón. Y mientras clamas, recuerda que Él es tan rico en Su gracia que siempre escuchará tu clamor.

_________________________
Este artículo fue adaptado de una porción del libro Asombro, publicado por Poiema Publicaciones.
Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
_________________________

Páginas 103 a la 110

William Tyndale: Reformador y traductor de la Biblia

William Tyndale: Reformador y traductor de la Biblia

Colocado en un lugar prominente de mi estudio, como si mirara sobre mi hombro derecho, se encuentra la imagen de un imponente retrato del gran traductor de la Biblia, William Tyndale.

La obra original, pintada en óleo sobre lienzo, proviene del pincel de un artista anónimo. Fue pintado a fines del siglo XVII o comienzos del XVIII, y ahora el original cuelga en la National Portrait Gallery de Londres. Tyndale aparece en el retrato sentado, completamente vestido de negro, y rodeado de un sutil fondo marrón oscuro. Su rostro y sus manos parecen brillar a la luz de una vela que está oculta a la vista.


La mano izquierda de Tyndale balancea un libro, manteniéndolo horizontal para que no caiga. Este libro es una Biblia, la colección de escritos divinamente inspirados al que Tyndale consagró su vida para trasladarlo del hebreo y el griego al inglés. Su mano derecha parece descansar en una mesa oscura, mientras que su índice derecho apunta con decisión a la Biblia. Tyndale está desviando la atención del observador lejos de él y, más bien, está atrayendo todas las miradas hacia este Libro sagrado en el que creía con firmeza y al cual dedicó toda su vida.


Debajo de la Biblia, el artista ha pintado un estandarte desplegado y que parece suspendido en el aire. Lo que está escrito en latín en el estandarte indica que Tyndale es académico de Oxford y Cambridge: Hac ut luce tuas dispergam Roma tenebras sponte extorris ero sponte sacrificium. Esto significa: “Para ahuyentar las tinieblas romanas con esta luz, la pérdida de la tierra y la vida estimaré liviana”. Este mensaje valiente representa la misión de vida de Tyndale. Al traducir la Biblia al inglés, este brillante lingüista encendió la llama que disiparía la oscuridad espiritual de Inglaterra. La traducción de Tyndale de las Escrituras develó la luz divina de la verdad bíblica que brillaría a través de todo el mundo de habla inglesa, dando paso al amanecer de un nuevo día.

________________

“Para ahuyentar las tinieblas romanas con esta luz, la pérdida de la tierra y la vida estimaré liviana.”

________________

En el fondo del retrato, detrás de Tyndale, están las palabras Guilielmus Tindilus Martyr. Esta es la traducción latina del primer y segundo nombre de este académico, junto con la palabra mártir, identificando el alto costo que pagó Tyndale para llevar la Escritura al lenguaje de sus compatriotas. Esta figura heroica murió como mártir en 1536, estrangulado hasta morir con una cadena de hierro, después su cadáver fue incinerado y hecho estallar con pólvora esparcida alrededor de su cuerpo calcinado.

En la parte inferior del retrato, hay un recuadro con una explicación del martirio de Tyndale. Las palabras están en latín y esta es su traducción:


Esta pintura representa, tanto como puede el arte, a William Tyndale, en otro tiempo estudiante de este Hall [Magdalen] y ornamento del mismo, quien, después de establecer aquí el feliz comienzo de una teología más pura, dedicó sus energías a traducir el Nuevo Testamento y el Pentateuco a la lengua común en Amberes. Fue ésta una labor tan inmensamente orientada a la salvación de sus compatriotas, que con justicia se le llamó el Apóstol de Inglaterra. Ganó su corona de mártir en Vilvoorde, cerca de Bruselas, en 1536. Un hombre —si podemos creerle aun a su adversario (el Procurador General del Emperador)— instruido, piadoso y bueno.

La ironía de este retrato es que Tyndale nunca posó para tal representación. Para proteger su anonimato, no podía reproducir su aspecto facial en un lienzo. La obra que llevó a cabo tenía un precio demasiado alto como para permitirse ser reconocido. Solo después de su horrible muerte pudo Tyndale ser conocido.

Este retrato de Tyndale cuelga en mi estudio como un constante recordatorio visual del invaluable tesoro que descansa en mi escritorio: la Biblia en inglés. Enfatiza el hecho de que cuando predicó sus verdades, la luz espiritual está siendo enviada a este mundo oscuro. Además, este retrato me da testimonio del gran precio que exige el develar la verdad de la Biblia en este tiempo ennegrecido por el pecado.

Cuando Tyndale entraba en la escena del mundo, Inglaterra yacía cubierta de una oscura noche de tinieblas espirituales. La iglesia en Inglaterra permanecía envuelta en la medianoche de la ignorancia espiritual. El conocimiento de la Escritura casi se había extinguido en el país. Aunque había unos veinte mil sacerdotes en Inglaterra, se decía que ni siquiera eran capaces de traducir una simple línea del Padrenuestro. Los clérigos estaban tan hundidos en una ciénaga de superstición religiosa que no tenían ningún conocimiento de la verdad. Las únicas Escrituras en inglés eran unas pocas copias a mano de las Biblias Wycliffe, traducidas de la Vulgata latina a fines del siglo XIV. Los lolardos, un pequeño grupo de valientes predicadores y seguidores de Wycliffe, distribuyeron ilegalmente estos libros prohibidos. La sola posesión de la traducción de Wycliffe condujo a muchos al sufrimiento. Algunos incluso enfrentaron la muerte.

El Parlamento aprobó una ley conocida como la De haeretico comburendo en 1401, la cual, como lo indica su título, legalizaba la quema de los herejes en la hoguera. Debido a que los lolardos eran percibidos como una amenaza, traducir la Biblia al inglés se consideraba un crimen capital. En 1408, Thomas Arundell, el Arzobispo de Canterbury, escribió las Constituciones de Oxford, que prohibían cualquier traducción de la Biblia al inglés a menos que fuera autorizada por los obispos:

Es algo peligroso... traducir el texto de las Sagradas Escrituras de un idioma a otro, porque en la traducción el mismo sentido no siempre se mantiene... Por lo tanto, decretamos y ordenamos que, en lo sucesivo, ningún hombre por su propia autoridad traduzca ningún texto de la Escritura al inglés o cualquier otro idioma... Ningún hombre puede leer tal libro... ni en parte ni completo.

Aun enseñar la Biblia ilegalmente en Inglaterra se consideraba un crimen digno de muerte. En 1519, siete lolardos fueron quemados en la hoguera por enseñarles a sus hijos el Padrenuestro en inglés. La noche espiritual había caído sobre toda la tierra inglesa. La oscuridad que la cubría no podría haber sido más cruda.

Al mismo tiempo, los fuegos de la Reforma estaban inflamando lugares tales como Wittemberg y Zúrich, y no pudieron ser contenidos. Chispas de la verdad divina pronto saltaron sobre el Canal de la Mancha y encendieron los palos secos en Inglaterra. Hacia 1520, los académicos de Oxford y Cambridge leían y discutían las obras de Lutero. Esta llama era avivada por la disponibilidad del Nuevo Testamento de Erasmo en griego que era acompañado por su traducción latina en 1516, un año antes de que Lutero publicara sus noventa y cinco tesis. Este recurso fue muy valioso para los académicos que leían griego y latín. Pero no tenía ninguna utilidad para el hombre inglés común, que no leía ninguno de los dos idiomas. Si la Reforma iba a llegar a Inglaterra, no bastaría con simplemente gritar sola Scriptura. Debía haber una traducción de la Biblia al idioma inglés para que el pueblo leyera. ¿Pero cómo podía llegar a ocurrir?

En esta hora oscura, Dios levantó a William Tyndale, un hombre sin par que poseía extraordinarias habilidades lingüísticas combinadas con una invariable devoción por la Biblia. Él era un connotado académico, experto en ocho idiomas: hebreo, griego, latín, italiano, español, inglés, alemán, y francés. Poseía una insuperable habilidad para trabajar con sonidos, ritmos y sentidos del idioma inglés. Pero a fin de realizar su labor de traducción, se vería obligado a dejar su Inglaterra natal, para no volver jamás. Esta tenaz figura viviría en la clandestinidad como un hereje condenado y fugitivo perseguido durante los últimos doce años de su vida. Finalmente pagaría el precio más alto al entregar su vida al martirio para otorgarles a sus compatriotas el Nuevo Testamento y la mitad del Antiguo Testamento en inglés. Su gran hazaña de traducir la Biblia al inglés desde el griego y el hebreo originales no se había logrado hasta entonces. Este destacado reformador se convertiría en el más significativo de los primeros protestantes ingleses.

¿Cuál es el propósito del sufrimiento?

¿Cuál es el propósito del sufrimiento?

Peter Berger dice que todas las personas y culturas anhelan “darle sentido a la experiencia del sufrimiento y el mal”. Ninguna cultura o cosmovisión ha hecho esto con la minuciosidad con que lo ha hecho el cristianismo. Según la teología cristiana, todo sufrimiento tiene un propósito, pues Dios se propuso derrotar al mal de una manera tan exhaustiva en la cruz que todos los estragos del mal algún día serán deshechos y nosotros, a pesar de haber participado tan profundamente en él, seremos salvos. Dios no está logrando esto a pesar del sufrimiento, la agonía y la pérdida, sino por medio de estas cosas; es por medio del sufrimiento de Dios que el sufrimiento de la humanidad finalmente será superado y destruido. Aunque es imposible no preguntarse si Dios pudo haber hecho todo esto de otra manera —sin permitir toda la miseria y el dolor— la cruz nos asegura que, cualesquiera que sean los consejos y propósitos insondables detrás del curso de la historia, todos surgen de Su amor por nosotros y Su compromiso absoluto con nuestro gozo y nuestra gloria.

____________

“Es por medio del sufrimiento de Dios que el sufrimiento de la humanidad finalmente será superado y destruido.”

____________

Así que el sufrimiento se encuentra en el centro de la fe cristiana. No solo es la forma en que Cristo se hizo uno de nosotros y nos redimió, sino que es una de las principales formas en que nos asemejamos a Él y experimentamos Su redención. Y eso significa que nuestro sufrimiento, a pesar del dolor que conlleva, también está lleno de propósito y utilidad.

 

3 marcas que muestran que realmente has creído en el evangelio

3 marcas que muestran que realmente has creído en el evangelio

1 Juan 5:10-12 (RVR 1960):

10 El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. 11 Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. 12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

Según el apóstol Juan, el testimonio de Dios es este: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. Asimismo, Juan afirma que todo aquel que de verdad cree en el Hijo tiene este testimonio en sí mismo.

Esta notable verdad es mucho más difícil de interpretar que lo que uno podría pensar inicialmente. Incluso entre los eruditos dentro de la tradición conservadora reformada, se han presentado varias opiniones. ¿Está Juan afirmando que el que cree ha aceptado e interiorizado el testimonio que Dios ha dado sobre Su Hijo? ¿Está Juan aludiendo al testimonio interno del Espíritu, que habita dentro del creyente? ¿O se refiere al testimonio vivencial de la vida eterna que el creyente posee ahora, la realidad de una nueva clase de vida que se centra en una relación íntima con el Padre y con el Hijo? Quizás el significado es lo suficientemente amplio para incluirlas todas.

__________

“Una primera marca que muestra que nos hemos convertido verdaderamente es que hemos aceptado el testimonio de Dios.”

__________

Una primera marca que muestra que nos hemos convertido verdaderamente es que hemos aceptado el testimonio de Dios, el cual nos lo comunicó en primer lugar a través de sus testigos oculares, como los apóstoles, y desde entonces se ha comunicado a cada generación a través de la predicación fiel del evangelio. Sabemos que somos cristianos porque poseemos y confiamos en el evangelio de Jesucristo que “una vez fue dado a los santos” (Jud 3). Nosotros tenemos nuestro fundamento en las Escrituras y permanecemos dentro de la corriente del cristianismo evangélico histórico. No nos hemos alejado de la esperanza del evangelio, sino que continuamos en la fe firmemente establecida e inalterable.



1. El evangelio es parte de nosotros

Es importante notar que una aceptación genuina del testimonio de Dios que resulta en la salvación no es superficial ni banal; por ello, nosotros poco a poco lo asimilamos dentro de cada aspecto de nuestras vidas. Para el verdadero convertido, Cristo se vuelve su carne y su bebida. Jesús les dijo: “De cierto, de cierto les digo: Si no comen la carne del Hijo del Hombre, y beben Su sangre, no tienen vida en ustedes” (Jn 6:53). Sus palabras se convirtieron en el fundamento, el modelo y la meta de la vida. El evangelio se convirtió en una parte de nosotros y la marca distintiva de quienes somos; nos define y fija nuestro rumbo. Está dentro de nosotros y es parte de nuestro ser. Así como no podemos dividir nuestra persona y esparcirla a las cuatro esquinas del globo, así también no podemos separarnos del evangelio. De las profundidades de nuestro ser interior, coincidimos con el evangelio, nos deleitamos en su belleza y anhelamos ser conformados con sus preceptos. ¡Toda proclamación fiel del evangelio que escuchamos o leemos es una confirmación más para nuestros corazones de que Cristo es todo y de que la vida eterna está solo en el Hijo!

2. El Espíritu Santo nos da testimonio

Una segunda marca que muestra que de verdad somos cristianos es el testimonio interno del Espíritu que habita dentro de nosotros. Del Evangelio de Juan, aprendemos que el Espíritu Santo ha sido enviado para testificar de Cristo, habitar en el creyente y guiarlo a toda verdad. De la epístola de Juan, aprendemos que el Espíritu trabaja dentro del creyente para confirmar y fortalecer su confianza como hijo. Sabemos que somos hijos de Dios y que tenemos una relación permanente con Cristo por medio del Espíritu que Él nos ha dado. El Espíritu de Dios da testimonio de la encarnación y de la obra expiatoria de Cristo, y confirma su realidad dentro de nuestros corazones.

__________

“El Espíritu Santo y la vida que fluye de Él han sido dados a todo creyente como un tipo de primicias y promesa de la vida que se revela en nuestra glorificación final.”

__________

Observemos que esta enseñanza sobre el testimonio interno del Espíritu Santo no solo ocurre en los escritos de Juan, sino que es esencial para la perspectiva de Pablo sobre la vida cristiana. El Espíritu Santo y la vida que fluye de Él han sido dados a todo creyente como un tipo de primicias y promesa de la vida que se revela en nuestra glorificación final. Mediante el Espíritu Santo, el amor de Dios se derrama dentro de nuestros corazones en una experiencia real y visible. El Espíritu Santo quita nuestro temor de la condenación que nos esclaviza y lo sustituye con una fuerte seguridad de nuestra condición de hijos, que nos lleva a clamar: “Abba Padre”. El Espíritu también nos guía según la voluntad de Dios y nos sostiene en medio de nuestra debilidad. Por último, el Espíritu Santo da testimonio de que somos hijos de Dios a través de la obra permanente de la santificación al conformarnos a la imagen de Cristo y producir la vida fructífera de Cristo dentro de nosotros.

Según Juan y Pablo, esta obra interna del Espíritu será una realidad en la vida de todo hijo de Dios. Sus manifestaciones variarán de creyente a creyente. Y aun en el santo más maduro, habrá tiempos de poda, aridez aparente y una pérdida o atenuación de la presencia evidente de Dios. Ahora bien, la vida de todo creyente mostrará manifestaciones visibles y prácticas de la obra del Espíritu. Este es uno de los derechos de nacimiento de los hijos de Dios y uno de los medios por el que se nos garantiza que lo conocemos.

3. El testimonio de la realidad de la vida eterna

Una tercera marca que muestra que hemos creído de verdad para salvación es el testimonio de la realidad de la vida eterna dentro de nosotros. Entender esta declaración exige que recordemos la verdadera naturaleza de la vida eterna. No es solo un infinito número de días, sino una calidad de vida que se fundamenta y fluye de un conocimiento íntimo y de la comunión con Dios y con Su Cristo. Si la vida eterna se refiere solo a una vida sin fin o a una realidad futura en el cielo, entonces aun la persona más carnal y mundana puede afirmar que la posee, y ninguno podrá refutarla. Sin embargo, si la vida eterna es una nueva clase de vida que se manifiesta por un conocimiento real de Dios y la comunión con Él, entonces la confianza de la persona carnal y mundana queda expuesta como débil en el mejor de los casos y como totalmente falsa en el peor de ellos.

Una máxima que es popular y bíblica existe dentro del cristianismo evangélico: “Sabemos que tenemos vida eterna porque creemos”. No obstante, también podemos cambiar el orden de las palabras y crear una nueva máxima que es igualmente bíblica: “Sabemos que hemos creído porque tenemos vida eterna”. Es decir, sabemos que hemos creído de verdad en Cristo y que somos justificados por esa fe debido a la realidad permanente y visible de una nueva clase de vida dentro de nosotros que empezó en la conversión. Sabemos que hemos creído para salvación porque hemos entrado en una comunión real, vital y permanente con el único Dios verdadero y Jesucristo a quien Él ha enviado. ¡Esta es la vida eterna! ¿Es esto verdad en nosotros?

La persona que más habla del infierno en la Biblia es Jesús

La persona que más habla del infierno en la Biblia es Jesús

Muchos cristianos hoy en día dicen: “Seguramente es mejor concebir el evangelio como un lugar donde habrá algunos castigos temporales hasta que al final la gente simplemente pierda toda conciencia: que sean al final aniquiladas”. Otros creen que es manipulador y cruel siquiera pensar en el infierno y dicen: “Solo hablemos del amor de Dios”. Sin embargo, hay varias cosas que realmente hay que decir. Este no es un tema fácil, pero hay que tratarlo.

_________

Si yo acepto que el infierno es real, eterno y más aterrador que cualquier otra cosa, sería una falta de bondad y amor de mi parte no advertirte, exactamente como habría sido una falta de bondad y amor de parte de Jesús no haber advertido a la gente de su época.

_________


Jesús es quien introduce la mayoría de las horribles imágenes que tenemos acerca del infierno. Él puede decirles abiertamente a Sus seguidores que corren el riesgo de ser crucificados, golpeados, aserrados y todo lo demás: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Más bien, teman a Aquel que puede destruir alma y cuerpo en el infierno” (Mt 10:28). Él habla acerca de calabozos y cadenas, de las tinieblas de afuera. La gente a veces dice: “Me gustaría ir al infierno. Todos mis amigos estarán allí”. No habrá amigos en el infierno. Jesús habla de llanto, gemidos y crujir de dientes. Por eso no debe sorprendernos que Él llore por la ciudad cuando sus habitantes no se arrepienten ni creen.

Por lo tanto, si la gente piensa que advertir a las personas acerca del infierno es manipulador, deben acusar a Jesús de manipulación. No obstante, la acusación de manipulación sólo tiene sentido si la amenaza del infierno no es real. Nadie hablaría de manipular a las personas para que salgan de un edificio en llamas si se les advierte de las terribles consecuencias de quedarse dentro y se les ruega que salgan. Si yo acepto que el infierno es real, eterno y más aterrador que cualquier otra cosa, sería una falta de bondad y amor de mi parte no advertirte, exactamente como habría sido una falta de bondad y amor de parte de Jesús no haber advertido a la gente de su época.

Ya que somos redimidos solo por gracia, solo por Cristo, ¿tenemos que hacer buenas obras y obedecer la Palabra de Dios?

Ya que somos redimidos solo por gracia, solo por Cristo, ¿tenemos que hacer buenas obras y obedecer la Palabra de Dios?

Sí, porque Cristo, habiéndonos redimido por Su sangre, también nos renueva mediante Su Espíritu; para que nuestras vidas puedan mostrar amor y gratitud a Dios; para que seamos afirmados en nuestra fe por los frutos; y para que otros sean ganados para Cristo por nuestro comportamiento piadoso.

1 PEDRO 2:9-12

Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de Aquel que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable. Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido. Queridos hermanos, les ruego como a extranjeros y peregrinos en este mundo que se aparten de los deseos pecaminosos que combaten contra la vida. Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación.

CHARLES HADDON SPURGEON

Así que, queridos amigos, estas buenas obras deben estar en el cristiano. No son la raíz, sino el fruto de su salvación. No son el camino hacia la salvación de un creyente; son su andar en el camino de la salvación. Cuando hay vida saludable en un árbol, el árbol producirá fruto de acuerdo a su especie; así que si Dios ha hecho que nuestra naturaleza sea buena, el fruto será bueno. Pero si el fruto es malo, es porque el árbol es lo que siempre fue—un árbol malo. El deseo de los hombres que han nacido de nuevo en Cristo es deshacerse de todo pecado. Sí pecamos, pero no amamos el pecado. En ocasiones el pecado gana poder sobre nosotros, y cuando pecamos es como si experimentáramos una especie de muerte; pero el pecado no nos domina, pues ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia; y, por tanto, debemos conquistarlo y obtener la victoria.

LIGON DUNCAN

Si la salvación es solo por gracia, solo por medio de la fe, solo en Cristo—si somos salvados y perdonados y aceptados por lo que Jesús hizo por nosotros, y no por nuestras buenas obras—¿hay aún lugar para las buenas obras y la obediencia en la vida cristiana? La Biblia nos da una enfática respuesta: sí.

Primero, hay lugar para las buenas obras porque, en la salvación, somos salvados no solo del castigo por el pecado, sino también del poder del pecado. En la salvación, a través de la obra de Jesucristo, no solo encontramos perdón sino que también encontramos transformación. Somos hechos nuevas criaturas en Jesucristo. Él nos libera del dominio del pecado en nuestra vida. Y, por tanto, la salvación por gracia no significa que el cambio o el crecimiento sean innecesarios en la vida cristiana. Significa que el cambio y el crecimiento ahora son posibles porque Dios está obrando en nosotros por medio de Su Espíritu Santo.

sí que ¿cuál es papel que juega la obediencia a la Palabra de Dios, la ley de Dios, en la vida cristiana? Gratitud, seguridad y testimonio.

En la vida cristiana, toda nuestra obediencia es un acto de gratitud a Dios por la gracia que Él nos ha mostrado en Jesucristo. Recuerda lo que Pablo dice en Efesios 2: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica” (v 8-10). ¿Viste lo que Pablo dijo aquí? No dijo que fuimos salvados por buenas obras. De hecho, dijo claramente que no es el caso. Pero sí dijo que fuimos salvados para buenas obras. Así que el papel de las obras en la vida cristiana no es salvarnos. No son para lograr que Dios nos ame. Es para expresar nuestra gratitud a Dios por el amor que nos ha mostrado en Jesucristo y por la salvación que nos ha dado libremente en Jesucristo. Así que toda nuestra obediencia a la Palabra de Dios en la vida cristiana es un acto de gratitud.

En segundo lugar, las buenas obras hechas en fe también nos dan seguridad. En su primera carta a los tesalonicenses, Pablo explica que él sabe que ellos son los escogidos de Dios (1Ts 1:3-5). Eso es asombroso. ¿Cómo sabrías tú quiénes son los escogidos de Dios? En el versículo 3, Pablo habla de las obras de fe de los tesalonicenses, de su trabajo de amor y de su constancia sostenida por la esperanza. Esencialmente está diciendo: “Veo la obra del Espíritu Santo en sus vidas y eso me hace saber que ustedes son hijos de Dios”. Y después explica cómo eso sirve para darles seguridad (v 5). Se nos da seguridad en la vida cristiana cuando vemos a Dios obrando en nosotros para transformarnos, y eso se expresa en nuestra obediencia a los mandamientos de Dios.

Una tercera forma en que la ley, las buenas obras y la obediencia obran en la vida cristiana se relaciona al área del testimonio. Cuando obedecemos la Palabra de Dios, cuando hacemos buenas obras, glorificamos a nuestro Padre celestial. Y le damos a aquellos que nos observan una razón para glorificar a nuestro Padre celestial. Pedro explica esto cuando nos dice que quiere que vivamos ejemplarmente frente al mundo para que nos observen y glorifiquen a nuestro Padre celestial, quien nos amó y nos salvó por gracia (1P 2:12).

Así que, aunque somos salvos por gracia, somos salvos para vivir una vida de buenas obras y de obediencia. No para que Dios nos ame, sino porque Dios nos ama y porque queremos ser como Su Hijo, quien dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar Su obra” (Jn 4:34).