Blogs

RSS
Cómo encontrar el mensaje central de la historia

Cómo encontrar el mensaje central de la historia

Cuando estaba en la escuela primaria, uno de mis compañeros presentó un resumen de una historia escrita por C. S. Lewis que hablaba de cuatro niños, un león que era rey, una bruja blanca y una tierra mágica que estaba oculta y a la cual se accedía a través de un armario. ¡La historia me cautivó! Así pues, compré el libro Las crónicas de Narnia y lo leí con placer. Pero años más tarde, después de mi conversión a Cristo, me di cuenta de que había pasado por alto la obvia intención del autor de dirigir a sus lectores hacia Cristo.

Es posible leer una historia, encontrarla interesante y, aun así, perderte por completo su mensaje central. Por ejemplo, podrías poner una atención desmedida en el escenario o en los personajes secundarios. Podrías leer solamente párrafos aislados o saltar sin rumbo de un lugar a otro. Incluso podrías tratar de confeccionar la trama de la historia o su moraleja desde diversas secciones desconectadas. Pero si haces algo así, lo más probable es que malinterpretes la historia, la figura del héroe y los temas principales.

La Biblia es una historia divinamente inspirada y narra dicha gran historia —también llamada metanarrativa— a través de una colección de historias, canciones, poesía, dichos sapienciales, evangelios, cartas y literatura apocalíptica. En conjunto, estos estilos diversos cuentan la historia verídica de la obra redentora de Dios en el mundo. La Biblia contiene sesenta y seis libros escritos por diferentes autores. Dichos autores fueron inspirados por el Espíritu Santo, quien usó la personalidad y el contexto propio de cada uno de ellos para entregarnos el canon de las Escrituras, el cual contiene un único mensaje y tema principal.

Los creyentes reconocen la autoridad divina de las Escrituras e incluso leen y estudian diariamente la Biblia durante años. Y aun así, muchos siguen sin captar su mensaje principal. En Juan 5:39-40, Jesús se dirige a algunas personas en la misma situación y les dice: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de Mí; y no queréis venir a Mí para que tengáis vida”.

Es posible honrar las Escrituras y aun así leerlas y usarlas incorrectamente al no ver el gran panorama que Dios ha diseñado. Afortunadamente, el Autor de la Biblia nos ha dejado un buen número de pistas que señalan claramente el tema central de su historia.

Aquí tienes una pista formidable ofrecida por Jesucristo mismo:

Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de Mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en Su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de Mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto (Lc 24:44-49).

Jesús explica dos cosas en este pasaje. En primer lugar, hace la impactante afirmación de que todas y cada una de las partes del Antiguo Testamento —desde el Pentateuco hasta los Profetas y los Salmos— hablan de Su persona. En resumen, Jesús se identifica a Sí mismo como el Mesías prometido. En segundo lugar, dice que Sus discípulos serán testigos de estas cosas a todas las naciones; es decir, a todos los pueblos en todos los lugares.

____________

Desde Génesis hasta Apocalipsis, Jesucristo es el Héroe
y el mensaje central de dicha historia.

___________

Dicho de forma sencilla, ¡no entenderás la metanarrativa bíblica hasta que comprendas que todo en ella gira alrededor de Jesús! Desde Génesis hasta Apocalipsis, Jesucristo es el Héroe y el mensaje central de dicha historia. Y aún más, ¡no entenderás quién es Jesús a menos que comprendas cómo el gran panorama bíblico se centra en Él! Jesús es la clave de la interpretación bíblica, y esto significa que aquel que lea cuidadosamente la Biblia lo encontrará al principio de dicha historia, en el medio y al final.

Dios nos ha revelado en las Escrituras los propósitos del Rey, los planes del Rey y las promesas del Rey. A medida que estos temas se van desarrollando en la historia bíblica, debemos prestarles atención y leerlos tal y como Jesús dice que debemos hacerlo. La historia de Dios es una gran historia. En realidad, es la más grandiosa de todas y está centrada en Su plan de redención a través de la persona y obra de Jesucristo. Pero para interpretar la Biblia fielmente, necesitamos las herramientas adecuadas. La disciplina de la teología bíblica es una de dichas herramientas. La teología bíblica nos ayuda a captar el propósito principal de la Biblia, proteger a la iglesia y a guiarla, leer, comprender y enseñar la Biblia como Jesús dijo que debemos hacerlo y nos ayuda en nuestros esfuerzos evangelísticos.

 _________________________

Este artículo fue adaptado de una porción del libro La teología Bíblica, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
_________________________

 
Página 100

¿Qué es el evangelio y por qué comprenderlo bien es clave para las misiones?

¿Qué es el evangelio y por qué comprenderlo bien es clave para las misiones?

¿Qué quiero decir cuando uso la palabra “evangelio”? Con ella me refiero al mensaje cristiano histórico, las buenas nuevas acerca de lo que Dios ha hecho por los pecadores por medio de Cristo. Y con esto no me refiero a ciertas implicaciones de ese mensaje, como por ejemplo la forma en la que algunos cristianos viven o lo que hacen, sino que me refiero al mensaje mismo de lo que Jesús ha hecho por los pecadores; el único mensaje que puede salvarnos del Infierno y llevarnos a Dios.

El evangelio bíblico empieza con Dios, quien creó todas las cosas por Su Palabra. De la nada, Dios habló y fueron creadas todas las galaxias, las nebulosas, las estrellas y los planetas. También creó la vida en nuestro planeta, incluyendo el primer hombre y la primera mujer. Dios los colocó en un huerto y les dio todas las cosas para que las disfrutaran y gobernaran con perfecta libertad. La única prohibición fue que no comieran de un árbol en particular. Pero el rebelde enemigo de Dios entró en el huerto y tentó a Eva, aunque Adán no hizo nada al respecto. Escogieron desobedecer la prohibición de Dios y escuchar en su lugar las falsas promesas de Satanás. Los humanos hemos estado haciendo lo mismo desde entonces. Pero Dios castigará el pecado porque es bueno y justo. Él no es la clase de juez que esconde la suciedad bajo la alfombra, pervirtiendo así la justicia. Él es un juez justo, y eso es malo para transgresores de la ley como nosotros. Rebelarse contra el gobierno justo de un Dios perfecto es indescriptiblemente perverso y merece un castigo de inconcebible severidad y duración. Merecemos un castigo eterno y consciente en el Infierno bajo la ira de Dios.

Pero Dios tenía un plan en su incalculable amor y sabiduría para castigar el pecado —y así ser un juez justo— y al mismo tiempo perdonar a pecadores como nosotros (y así reflejar su misericordia). Eso fue lo que hizo al enviar a Jesucristo —el coeterno y mismo Dios en la persona de Su Hijo— para que se encarnara. Jesús vivió una vida perfecta sin rebelarse nunca contra Dios. Nunca cometió pecado alguno, sino que voluntariamente tomó el lugar de los pecadores. Y al ser clavado en la cruz de madera, cargó sobre Sus hombros toda la fuerza de la justa ira que el Dios todopoderoso tiene en contra del pecado. Cristo cargó sobre Sí mismo el castigo eterno que merecen nuestros pecados. Su sacrificio soberano absorbió el castigo de todos los pecadores que algún día se arrepentirían y confiarían en Él. Dios mostró que había aceptado el sacrificio de Jesucristo cuando lo levantó de la muerte después de haber estado tres días en la tumba.

Ahora este Jesús resucitado ordena a todos en todo lugar que se arrepientan de sus pecados y confíen en Él. Y de manera asombrosa, Cristo nos concede no solo la promesa del perdón, sino también la adopción como hijos e hijas amadas del mismo Dios que hemos ofendido. Si nos hemos arrepentido de nuestros pecados y confiado en Jesús, ahora conocemos la paz con Dios y la esperanza firme de tener gozo eterno y disfrutar de Él para siempre. Ese es el evangelio bíblico y es verdad para todas las personas, todas las lenguas, todos los lugares y todas las culturas a través de los tiempos.

Sea cual sea nuestro papel en la iglesia, lo mejor que podemos hacer es creer este evangelio. Tenemos que meditar en él y medir todo lo que hay en nuestras vidas a la luz de su verdad y su valía.

Y cuando lo hayamos hecho, tenemos que orar por los líderes de nuestra iglesia y animarlos con gentileza a que dirijan a la congregación a poner el evangelio en lo más alto. Dales las gracias cada vez que presenten claramente el evangelio en su predicación y anímales a promover la pasión por las misiones mundiales como una consecuencia natural y bíblica del evangelio.

____________

El único combustible válido para las misiones mundiales es la gloria del evangelio, no las necesidades de la humanidad.
___________

 

Los pastores y líderes de la iglesia tienen que mantener en alto este evangelio no solo en los mensajes evangelísticos, sino en todo tiempo. Las personas salvas de tu congregación necesitan que se les recuerde y se les ayude regularmente a maravillarse en la idea de que “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro 5:8b). Allí donde las personas ven la obra de Cristo como algo sumamente valioso, las misiones se convierten en un sacrificio racional y glorioso. El único combustible válido para las misiones mundiales es la gloria del evangelio, no las necesidades de la humanidad.

 

¿Qué significan las palabras “misiones” y “misioneros”?

No obstante, ¿qué queremos decir cuando usamos la palabra “misiones” y quién puede ser considerado “misionero”? Para algunos cristianos, estas dos palabras han cambiado su significado recientemente. Algunos tratan ahora la misión de la iglesia como si abarcara todas las cosas buenas que los cristianos hacen, desde la acción social hasta la protección del medioambiente. Es cierto que es bueno hacer estas cosas y otras muchas que multitud de cristianos hacen regularmente de manera individual. Pero mi intención es mantener el uso tradicional e histórico de la palabra “misiones”. Es decir, la exclusiva y característica misión evangélica de la iglesia que es hacer discípulos a todas las naciones. O sea, la clase de evangelismo que lleva el evangelio traspasando los límites étnicos, lingüísticos y geográficos, y que congrega a las iglesias y les enseña a obedecer todo lo que Jesús ha ordenado. La verdad es que hacerlo de manera diferente supone convertir la palabra “misiones” en algo inútil. Tal y como dijo Esteban Neill en su famosa frase respecto a esta nueva definición de las misiones: “Si todo es misión, entonces nada es misión”.

De la misma manera, cuando me refiero a “los misioneros” no estoy hablando de los cristianos que viven en una cultura diferente a la suya y que comparten el evangelio. Así como no todos los miembros de iglesia que aman a Cristo son “pastores o ancianos” y no todos los miembros de iglesia que hablan acerca de la Biblia son “maestros” en el sentido de Santiago 3:1, tampoco todos los testigos del evangelio en una cultura diferente a la suya son misioneros según vemos en 3 Juan o 1 de Corintios. Me ciño al entendimiento tradicional e histórico de la palabra “misionero” como alguien que es reconocido por la iglesia local y enviado para que el evangelio sea conocido y, para congregar, servir y fortalecer a las iglesias locales sin importar las divisiones étnicas, lingüísticas o geográficas. Esas son las personas a las cuales se les ha dicho a nuestras iglesias en lugares como 3 Juan que debemos sustentar.

 _________________________

Este artículo fue adaptado de una porción del libro Las misiones, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
_________________________

 
Página 37-40

¿Qué relación existe entre la gracia, el amor y la ley?

¿Qué relación existe entre la gracia, el amor y la ley?

Es cierto que el Nuevo Testamento nos enseña acerca de la ley del amor. El amor es el cumplimiento de la ley (Ro 13:10). En efecto, “toda la ley se resume en un solo mandamiento: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo’” (Gá 5:14). Pero la Escritura nunca dice que el amor sea un reemplazo de la ley, por varios motivos importantes.

El primero es que el amor es lo que manda la ley, y la ley es el cumplimiento del amor. La ley del amor no es una idea recién acuñada del nuevo pacto; está plasmado en la esencia de la fe y la vida del antiguo pacto. Debía ser la confesión continua de Israel: el Señor uno es, y Él debe ser amado con toda el alma (Dt 6:5-6).

El segundo es el principio que se suele pasar por alto: el amor requiere dirección y normas para operar. El amor debe ser encaminado, pero su dirección no debe ser interpretada de manera subjetiva.

____________

El amor requiere dirección y normas para operar.
___________

 

La exposición de Pablo de la vida cristiana en Romanos 13:8-10 incluye el importante principio de que el amor es el cumplimiento de la ley. Pero él nos explica que la “ley” de la que habla en este contexto son “los mandamientos”, es decir, los Diez Mandamientos. Él cita cuatro de los mandamientos del “amor al prójimo” (en el orden en que aparecían en su Antiguo Testamento griego en Deuteronomio 5:17-21). Pero él no aísla estos mandamientos específicos (adulterio, homicidio, robo, codicia); más bien prosigue e incluye “todos los demás mandamientos” (Ro 13:10).

Los mandamientos son los rieles sobre los cuales marcha la vida potenciada por el amor de Dios derramado en el corazón por el Espíritu Santo. El amor impulsa el motor; la ley provee la dirección. Son mutuamente dependientes. La idea de que el amor puede operar sin la ley es producto de la imaginación. No solo es mala teología, sino que es una psicología deficiente. Tiene que tomar prestado de la ley para darle ojos al amor.

Dios dio la ley para gobernar la relación de Su pueblo con Él (ley “religiosa” o “ceremonial”) y también la relación entre ellos en la sociedad (ley “civil”). Esta última estaba destinada a ellos 1) como un pueblo redimido de Egipto, 2) mientras vivían en la tierra, 3) con miras a la llegada del Mesías.

Pero hay un gran panorama en la Biblia, el cual se extiende desde el Sinaí tanto al pasado como al futuro.

El éxodo fue en sí mismo una restauración que pretendía ser vista como una especie de re-Creación. El pueblo fue puesto en una especie de Edén —una tierra donde “abundan la leche y la miel”. Allí, al igual que en el Edén, se les dieron mandamientos con el fin de regular sus vidas para la gloria de Dios. Gracia y deber, privilegio y responsabilidad, indicativo e imperativo, eran la orden del día mientras vivían ante Dios y el uno con el otro.

Además de estas aplicaciones, o más precisamente, como fundamento de ellas, Dios les dio el decálogo. Era simplemente una transcripción en forma mayormente negativa, situada en un nuevo contexto en la tierra, de los principios de vida que habían constituido la existencia original de Adán.

Adelantemonos hasta el Calvario y la venida del Espíritu. Así como Moisés ascendió al Monte Sinaí y trajo la ley en tablas de piedra, ahora Cristo ha ascendido al Monte celestial, pero a diferencia de Moisés, Él ha enviado al Espíritu que reescribe la ley no meramente en tablas de piedra sino en nuestros corazones. Ahora el poder está en el interior, mediante la habitación de Cristo el obediente, el observante de la ley, por el Espíritu. Esto es lo que ahora le da tanto la motivación como el poder al cristiano. Y esta potenciación reduplica en nosotros lo que era cierto para el Señor Jesús —la capacidad de decir: “¡Cuánto amo Tu ley!”. La gracia y la ley están perfectamente correlacionadas.

_________________________

Este artículo fue adaptado de una porción del libro El Cristo completo, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
_________________________

Página 168 - 170

 

Cómo la Pascua apunta a Cristo

Cómo la Pascua apunta a Cristo

Todos los humanos nacimos en Adán (Romanos 5:12-21). Eso significa que todos nacemos siendo esclavos del pecado y nacemos bajo el juicio de la muerte. Somos hijos de Adán, con quien compartimos su pecado y su destino.

Pero Dios, en Su gracia, ha prometido crear una nueva humanidad, libre del pecado y de la muerte. Eligió a Israel como Su primogénito —el primer pueblo que formaría parte de esta nueva humanidad. Israel era un prototipo de la nueva humanidad de Dios. En Éxodo 4:22-23, Dios le dice a Faraón que debe liberar a Israel porque es Su primogénito. Si Faraón se rehusaba, entonces le daría una retribución equivalente —la muerte de cada primogénito de Egipto.

El problema era que los israelitas también eran parte de la humanidad en Adán. Eran el primogénito de Dios, pero también estaban esclavizados por el pecado y eran merecedores de la muerte como el resto de la humanidad. Así que, para ser liberados, primero tenían que morir a su humanidad en Adán. Solo entonces podrían renacer en la nueva humanidad de Dios.

Esto fue lo que sucedió en la Pascua, aunque simbólicamente. Sus primogénitos deben morir —pero un cordero muere en lugar de cada uno. El cordero sufre la muerte que ellos merecían. Su muerte está representada simbólicamente en el cordero. Como resultado, Israel es liberado. Mueren a la vieja humanidad y renacen como los primogénitos de la nueva humanidad. Son liberados porque han muerto (simbólicamente en la muerte del cordero). Esta muerte los ha liberado de todas las obligaciones de su antigua vida. 

____________

Si la Pascua era un símbolo, la realidad es Cristo.
___________
 

Es por ello que la consagración de los primogénitos se convierte en algo tan importante: El SEÑOR habló con Moisés y le dijo: “Conságrame el primogénito de todo vientre. Míos son todos los primogénitos israelitas y todos los primeros machos de sus animales” (Éxodo 13:1-2).

Israel murió en la Pascua, así que ya no le pertenecían a Adán, sino que ahora le pertenecían a Dios. Esta pertenencia fue marcada simbólicamente con el primogénito de todo varón israelita, ya fuese humano o animal. Lo que es cierto sobre la familia humana (el hijo primogénito, que era Israel, le pertenecía a Dios) se ve reflejado en la familia de cada israelita (el primogénito de cada animal le pertenecía a Dios). Así que cada niño debía ser dedicado a (o redimido por) Dios.

Pero la Pascua es solo simbólica. Los israelitas fueron liberados de la esclavitud, pero solo de la esclavitud de Egipto, no de la esclavitud del pecado. Y fueron salvados de la muerte, pero solo de la muerte en la noche de la Pascua, no de la muerte eterna. La muerte del cordero trajo vida, pero no para siempre. Como resultado, aunque Israel le pertenecía a Dios, continuaron viviendo como hijos de Adán. En otras palabras, continuaron viviendo como esclavos del pecado. La redención del primogénito era un recordatorio de lo que Dios había hecho, es decir, de que liberó a Su pueblo de la esclavitud. Pero el hecho de que tenía que repetirse con cada nueva generación es también un recordatorio de lo que Dios haría de liberar completa y naturalmente a Su pueblo de la esclavitud del pecado y de la muerte.

Si la Pascua era un símbolo, la realidad es Cristo. Él es nuestro Cordero pascual, quien murió en nuestro lugar. Él es el cumplimiento de la promesa hecha en la Pascua. Cristo es el primogénito entre los muertos (Colosenses 1:18). Él es el Hijo de Adán que murió y fue resucitado como el primogénito de la nueva humanidad. Todos los que están en Cristo mediante la fe han muerto en Cristo a la esclavitud del pecado y a la condenación de la muerte. Y así hemos resucitado a una nueva vida en Cristo. El libro de Éxodo establece el patrón de redención a través del sacrificio, el cual se cumple en Cristo.

_________________________

Este artículo fue adaptado de una porción del libro Éxodo para ti, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
_________________________

Página 32

4 beneficios de la sabiduría según el libro de Proverbios

4 beneficios de la sabiduría según el libro de Proverbios

La sabiduría estaba con Dios cuando Él plantó los fundamentos del mundo. El Nuevo Testamento enseña que el agente de la creación fue Jesús, la Palabra eterna y la Sabiduría de Dios (Juan 1:1-14, Hebreos 1:1-4).

Debido a que la Biblia es la Palabra de nuestro Creador, ella es el “manual del propietario” de nuestra alma. Las cosas que ordena son las mismas cosas para las que fuimos creados. Así que obtendremos sabiduría divina cuando nos relacionemos con Dios no solo como un ser divino en general, sino como nuestro Creador. Pero si Jesús es la sabiduría de Dios, entonces para ser sabios también debemos entender el evangelio (1 Corintios 1:24). La lógica del evangelio —que eres un pecador y, al mismo tiempo, un hijo de Dios incondicionalmente amado— brinda una combinación única de humildad y confianza que te hace sabio de una manera en que nada más puede hacerlo. La sabiduría bíblica, entonces, nos lleva de regreso a los mismos fundamentos de la tierra. La única sabiduría que funciona en la vida diaria es esa misma Sabiduría que creó y redimirá al mundo.

A continuación cuatro beneficios de obtener sabiduría:

 

1. EL GOZO DE LA SABIDURÍA

[Habla la sabiduría:] “Allí estaba yo, afirmando Su obra. Día tras día me llenaba yo de alegría, siempre disfrutaba de estar en Su presencia; me regocijaba en el mundo que Él creó; ¡en el género humano me deleitaba!” (Proverbios 8:30-31).

El Padre y el Hijo se deleitaron en el mundo que hicieron y en nosotros. Somos capaces de ver la belleza de Su creación cuando las cosas están correctamente relacionadas entre sí. Por eso creemos que un arco es más hermoso que un campo de rocas, y que el amor es más hermoso que el odio. Cuanto más discernimos cómo encajan las partes de una pieza musical o de una flor, más nos deleitamos en la música y en las flores, no por lo que pueden hacer por nosotros, sino por lo que son: parte de la creación de Dios. La sabiduría consiste esencialmente en discernir y formar las relaciones correctas y regocijarse en ellas.

Dios nos creó simplemente por la alegría y el amor de ello. Él no nos ama por lo que puede obtener de nosotros, sino por lo que somos. Así que la máxima sabiduría es amar a Dios simplemente por quien es Él y valorar a los seres humanos no por lo que podemos obtener de ellos, sino porque reflejan la imagen de nuestro Creador (Génesis 1:26).

____________

La máxima sabiduría es amar a Dios por quien es Él.
___________
 

2. EL BANQUETE DE LA SABIDURÍA

Envió a sus doncellas, y ahora clama desde lo más alto de la ciudad. “¡Vengan conmigo los inexpertos!—dice a los faltos de juicio—. Vengan, disfruten de mi pan y beban del vino que he mezclado. Dejen su insensatez, y vivirán; andarán por el camino del discernimiento” (Proverbios 9:3-6).

La sabiduría nos llama a buscar el camino a su casa, donde nos espera un banquete. La buena comida representa los deseos y apetitos de nuestros corazones. “Con el tiempo crecemos en sabiduría o en necedad dependiendo de cuáles sean los amores y compromisos fundamentales que nos impulsen”. No podemos vencer la adicción al trabajo si amamos demasiado el dinero y el estatus. No podemos vencer la amargura ni la calumnia si amamos demasiado nuestra reputación. No se trata solo de fuerza de voluntad, sino de un reordenamiento de nuestros deseos que conduce a la sabiduría.

El camino de la sabiduría no se caracteriza por soluciones rápidas ni por cambios drásticos. Es un camino de entrenamiento arduo y de disciplina. Pero entrena tu corazón, no solo tu mente y tu voluntad. No te limites a creer en la bondad de Dios; experiméntala por medio de la adoración y de la oración. Los cristianos saben que el máximo banquete para el alma será la cena de bodas del Cordero (Apocalipsis 19:6-9), donde Jesús, el Señor del banquete, nos satisfará plenamente, dándonos el “mejor vino” de Su amor salvador (Juan 2:1-11). Incluso lo poco que Él nos permite probar ahora calmará nuestra inquietud y nos hará sabios. “El monte de Sión arroja mil dulces sagrados [aun] antes de llegar a los campos celestiales y caminar por las calles doradas”.

____________

El camino de la sabiduría no se caracteriza por soluciones rápidas ni por cambios drásticos. Es un camino de entrenamiento arduo y de disciplina.
___________
 

3. EL PROGRESO DE LA SABIDURÍA

El que corrige al burlón se gana que lo insulten; el que reprende al malvado se gana su desprecio. No reprendas al insolente, no sea que acabe por odiarte; reprende al sabio, y te amará. Instruye al sabio, y se hará más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber (Proverbios 9:7-9).

La vida nos reprende a través de los duros golpes de las pruebas y los problemas, los cuales revelan nuestras debilidades y necedades. Los amigos nos ayudan a crecer a través del amor de la corrección. Estas son las dos versiones del método de enseñanza principal de la sabiduría: la “retribución”.

Cuanto más avanzas en el camino hacia la necedad, más interpretas todos los eventos como si apoyaran lo que siempre creíste. Y cuando las cosas van mal, culpas a los demás y a las circunstancias por tus problemas. Esto endurece tu corazón en lugar de suavizarlo, y te hace menos abierto al consejo. Instruye al sabio y será más sabio, pero trata de decirle algo al burlón y será peor de lo que era antes. En el Nuevo Testamento, Jesús expuso este principio. “Al que tiene, se le dará más” (Mateo 13:12-16). Mientras más sabiduría tengas, más sabiduría ganarás en cada giro del camino de la vida. Mientras menos sabiduría tengas, menos aprenderás. Así que aprende de tus errores y de las críticas, cueste lo que cueste.


4. EL COMPAÑERISMO DE LA SABIDURÍA

Si eres sabio, tu premio será tu sabiduría; si eres insolente, solo tú lo sufrirás (Proverbios 9:12).

La sabiduría antigua enseñaba que la única forma de prosperar como persona era poniendo las necesidades de tu familia y de tu comunidad por encima de tus intereses personales. Nuestra cultura moderna rechaza esto por completo. Se nos dice que “seamos fieles a nosotros mismos”, que decidamos quién queremos ser y luego exijamos que nuestra comunidad y nuestra familia lo reconozcan y lo respeten, independientemente de su impacto en las relaciones. Hoy sacrificamos el bien del grupo por la libertad absoluta del individuo. El resultado es un número creciente de personas que se sienten desconectadas y solas. 

Los burlones se ríen de los valores y de las creencias de cualquier comunidad. Por lo tanto, no tienen verdaderos amigos y al final sufren solos. Los cristianos no consideran absolutas ni la voluntad del individuo ni la de la comunidad, sino solo la voluntad de Dios. Cuando creemos en el evangelio, las barreras de orgullo que nos dividen son derrumbadas (Efesios 2:14-16) y los solitarios ganan una familia (Salmo 68:6, Juan 1:12-13). La salvación conduce a relaciones cada vez más profundas, pero el pecado a la soledad.

_________________________

Este artículo fue adaptado de una porción del libro Sabiduría de Dios para navegar por la vida, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
_________________________

Página 32

La labor del discernimiento en nuestro crecimiento espiritual

La labor del discernimiento en nuestro crecimiento espiritual

El crecimiento es una función de supervivencia necesaria para todos los seres vivos. Si una flor crece, está viva. Si deja de crecer (o nunca lo hace), se marchita y muere. Eso es biología básica. Lo mismo es cierto para los cristianos. Cuando el evangelio nos salva, le da vida en Cristo a corazones que estaban muertos (Col 2:13). Nos volvemos recién nacidos espirituales que están despiertos y hambrientos, retoños sedientos con ojos recién abiertos al mundo. E inmediatamente empezamos a crecer.

Ese crecimiento nunca terminará. Es una señal de que hay vida espiritual. Inevitablemente seguiremos aprendiendo y creciendo y creciendo y aprendiendo, incesantemente, para siempre. Un cristiano que no crece es algo irreal. No existe. Seguir a Cristo es ser un aprendiz de por vida. Crecemos porque estamos vivos.

Discernimiento = crecimiento

 Pero no podemos crecer sin discernimiento. Estas dos cosas están unidas y es imposible separarlas. ¿Qué es el discernimiento? Es la habilidad de definir y actuar según la diferencia entre lo bueno y lo malo, o como dijo C. H. Spurgeon , entre “lo bueno y lo que casi es bueno”. Es mirar el panorama de nuestras vidas, examinar todo lo que nos encontramos y juzgar entre lo bueno y lo malo, entre la doctrina bíblica y la falsa, entre el entretenimiento edificante y el dañino, entre la santidad y el pecado. En 1 Tesalonicenses 5:21 se nos llama a “[someter] todo a prueba, [aferrándonos] a lo bueno”. El crecimiento y el discernimiento son como un ciclo que se alimenta a sí mismo, un círculo precioso. Donde hay crecimiento espiritual, habrá discernimiento espiritual.

Pero el discernimiento no es una especie de hipercrítica que te hace incapaz de apreciar las cosas y que te convierte en un perro guardián amargado que no hace nada más que olfatear los errores de los demás. Es un llamado santo a discernir lo que es agradable a Dios y lo que no (Ro 12:1-2). Te da una libertad redentora para deleitarte en lo que es verdadero y hermoso, mientras rechazas lo que es desagradable y falso. Donde hay discernimiento habrá crecimiento.


Entonces ¿cómo obtenemos discernimiento?

En Efesios 4, Pablo explica a la iglesia en Éfeso la conexión entre el discernimiento y el crecimiento. Les dice que mientras los cristianos aprendamos de maestros piadosos, “creceremos” en Cristo y seremos cada vez menos como niños sin discernimiento que son “zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas” (v 14). En lugar de eso, conforme aumente nuestra madurez y sabiduría, también aumentará nuestro discernimiento. Y mientras hagamos esto, “creceremos hasta ser en todo como Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo” (v 15). Aquí está otra vez este hermoso círculo que se alimenta a sí mismo —el crecimiento motiva el discernimiento, el cual provoca crecimiento que motiva el discernimiento, el cual provoca... ya entiendes el punto. En Efesios 4 vemos esto en acción.

Así que, si el discernimiento es necesario para crecer espiritualmente, ¿cómo lo obtenemos? En última instancia, como todo lo demás en nuestras vidas, Dios es quien nos lo da (Dn 2:21). Su Espíritu obra en nuestros corazones y produce un cambio duradero. Pero Él también nos da la responsabilidad de buscar y encontrar discernimiento. En Efesios 5:10 nos dice: “... comprueben lo que agrada al Señor”. Aquí hay dos formas principales en las que hacemos esto.

 

1. Observa y aprende de la Palabra de Dios

Dios es la fuente de todo lo que es recto, verdadero y digno. Él es el fundamento sólido del discernimiento, así que ¿qué mejor lugar para buscarlo que en Su Palabra? Al inicio de Proverbios 2 dice que si recibes, estudias y amas las palabras de Dios, Él te dará discernimiento. Cuando fijamos nuestra mente en las cosas de Dios, nos sumergimos en lo que es perfectamente recto y, en el proceso, nos protegemos del engaño (Mt 16:23).

Dios ha escrito Su verdad en la Escritura, y tenemos acceso ilimitado a ella. Al estudiarla, somos capaces de usarla como un estándar objetivo para evaluar las enseñanzas con las que nos encontremos. Si quieres más discernimiento, lee la Biblia. Si quieres crecer, lee la Biblia.

____________

Si quieres más discernimiento, lee la Biblia.
Si quieres crecer, lee la Biblia.

___________

2. Pídele discernimiento a Dios

La segunda manera de obtener discernimiento es orando. Puede sonar infantil o como un cliché, pero si es Dios quien nos da discernimiento, deberíamos pedírselo. Si queremos crecer, necesitamos pedírselo. Eso es lo que hizo Salomón cuando se convirtió en rey de Israel. Dios se le apareció en un sueño y le dijo: “Pídeme lo que quieras” (1R 3:5). Era una invitación sin límites. Salomón respondió con gran carga y humildad:

Ahora, Señor mi Dios, me has hecho rey en lugar de mi padre David. No soy más que un muchacho, y apenas sé cómo comportarme. Sin embargo, aquí me tienes, un siervo tuyo en medio del pueblo que has escogido, un pueblo tan numeroso que es imposible contarlo. Yo te ruego que le des a Tu siervo discernimiento para gobernar a Tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo Tuyo? (1R 3:7-9).

Él era un nuevo rey. Pudo haber pedido poder político, victoria en las batallas, popularidad, fama o éxito. En lugar de todo eso, pidió la cosa más valiosa que conocía: discernimiento. Sigue el ejemplo de Salomón y pídele discernimiento al Señor con humildad y fervor. En Santiago 1:5 leemos: “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y Él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie”. Dios es la fuente de la verdad, así que si quieres saber lo que es correcto, ve a Él. Expresa tu deseo de obedecerle a través del discernimiento, y pídele que te haga madurar en esta área.


El discernimiento en la práctica

Si eres cristiano, el evangelio garantiza que crecerás. Y si estás creciendo, el evangelio garantiza que ejercitarás discernimiento. Pero ejercitar discernimiento en el mundo real puede ser difícil. Aunque la Palabra de Dios es infalible, la enseñanza del hombre no lo es. Y no solo recibimos enseñanza desde el púlpito. La encontramos en los libros, en las pantallas, en las escuelas, en la música, en la cultura —básicamente, en todas partes. Cada día nos están enseñando algo, y nuestra responsabilidad como seguidores de Jesús es distinguir entre la verdad y la mentira.

_________________________

Este artículo fue adaptado de una porción del libro Esto lo cambia todo, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
_________________________

 
Página 100