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¿Cómo confiar en Dios cuando otros te juzgan por tu apariencia física?

¿Cómo confiar en Dios cuando otros te juzgan por tu apariencia física?

El hecho de que nuestra cultura esté obsesionada con la belleza hace que sea muy común la discriminación y la crueldad. Estas condiciones dan lugar a muchas pruebas para las mujeres. Pocas cosas duelen tanto como el ser maltratada por nuestra apariencia. Nuestra apariencia está tan ligada a nuestra identidad, que cualquier crítica nos hiere en lo más profundo de nuestro ser. Se siente tan injusto porque es injusto.

Tal vez hemos experimentado rechazo por nuestra apariencia. En la escuela no somos populares, no nos incluyen, ni nos invitan. O tal vez nos hemos sentido desmoralizadas en el trabajo por todas las veces que le han dado el ascenso a las más atractivas, aun cuando nosotras calificamos más que ellas.

Puede que tengamos recuerdos dolorosos de cómo se burlaban de nosotros y nos criticaban cruelmente en nuestra propia cara o a nuestras espaldas. Tal vez tu familia te presiona para que seas hermosa, y sientes que nunca darás la talla.


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Aún en los casos en que experimentemos sufrimiento
de manera injusta por causa de nuestra apariencia,
Dios nos llama a confiar en Él.
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O tal vez tu esposo ha estado mirando pornografía. Esto no quiere decir que no seas atractiva para él, pero hay mujeres que lo perciben como un ataque personal hacia su belleza. O más doloroso aún, puede que tu esposo haya cometido adulterio o te haya abandonado por una mujer más joven y más atractiva.

Hay muchos ejemplos, que van desde algo ligeramente vergonzoso a algo completamente devastador.

Como mujeres, puede que abracemos la verdad de Dios acerca de la belleza, pero seguimos viviendo en el mundo real, ¿no es así? A veces parece que no importa cuánto nos esforcemos por honrar a Dios con nuestros cuerpos, por más que nos vistamos modestamente y contemplemos la hermosura de Dios, en lugar de honrarnos y animarnos, nos sentimos aplastadas por otros, incluso hasta por los mismos cristianos.

Estas situaciones pueden tentarnos a sentir amargura o hasta contraatacar, pero ambas cosas reflejan lo contrario de un espíritu suave y apacible. Y es que aún en los casos en que experimentemos sufrimiento de manera injusta por causa de nuestra apariencia, Dios nos llama a confiar en Él. Él envió a su Hijo a cargar con nuestros pecados y nos muestra cómo sobrellevar el maltrato:

Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan Sus pasos. Él no cometió ningún pecado, ni hubo engaño en Su boca. Cuando proferían insultos contra Él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a Aquel que juzga con justicia (1P 2:21-23).

El secreto para llegar a ser más hermosas es entregarnos a Aquel que juzga con justicia. Las personas pueden ser injustas, pero Dios no lo es. John Piper nos pregunta:

¿Lo crees? ¿Confías en que Dios, quien ve todo el mal cometido en tu contra, conoce cada dolor, y evalúa las motivaciones y las circunstancias con exactitud perfecta? ¿Crees que Él es impecablemente justo y no acepta sobornos, y que ajustará todas las cuentas con justicia perfecta? Esto es lo que significa estar ‘consciente de Dios’ en medio del sufrimiento injusto.

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Ella muestra una belleza notable y
poco común porque ha aprendido
a esperar en Dios.
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Al ver más allá de las injusticias cometidas en contra de nosotras y fijar nuestra mirada en la justicia perfecta de Dios, podemos soportar las crueldades de otros con respecto a nuestra apariencia sin querer vengarnos. Pero Piper añade que “Esto no es simplemente una regla a seguir. Es un milagro que experimentamos. Una gracia que recibimos. Una promesa que debemos creer”.

Dios no solo ve y toma nota de cada maltrato, sino que también ve nuestra obediencia. Él ve todo y no se le olvida nada. Aun cuando no vemos las cosas solucionadas o nuestros esfuerzos recompensados en el tiempo en que esperamos, o al grado en que desearíamos, podemos confiar en que Dios juzgará justamente. Puede que sea difícil, y a veces hasta agonizante, esperar pacientemente a que esa justicia se cumpla, pero Cristo nos ha dejado Su ejemplo. Cuando seguimos sus pasos, podemos resistir la tentación de sentir amargura o querer contraatacar. Podemos, al igual que nuestro Salvador, seguir confiando y entregándonos a Dios”.

La mujer que decide mirar a Dios cuando es maltratada llegará a ser más hermosa a través del sufrimiento. En su cara no se verán las marcas de la amargura ni un rostro perturbado. Ella muestra una belleza notable y poco común porque ha aprendido a esperar en Dios. Su felicidad no está al alcance de aquellos que la han maltratado.

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Este artículo fue adaptado de una porción del libro Belleza Verdadera, publicado por Poiema Publicaciones.
Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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Página 90 a la 92

 

El poder de la Palabra de Dios

El poder de la Palabra de Dios

"En el principio creó Dios los cielos y la tierra". Estas son las palabras con las que Dios da inicio a Su revelación a la humanidad (Gn 1:1). La historia bíblica inicia confirmando la existencia de Dios, quien ha estado presente por la eternidad. Tan pronto como esto es establecido, el poder de Su palabra se hace evidente. La historia nos permite ver cómo Su palabra no solo tiene poder de crear, sino también poder de organizar lo creado (Gn I), porque "la Palabra de Dios no solo es poderosa, sino que tiene un propósito". Una cosa es crear, y otra muy diferente es crear de manera ordenada. Dios (y por lo tanto Su palabra) no solo es poderoso, sino omnipotente, y no solo es omnipotente, sino también intencional. En teología se dice que Dios es simple (no simplista); es decir, todo lo que Dios es lo es a través de todo Su ser. Si Dios es infinito —y lo es— entonces Su amor es infinito, al igual que Su gracia y el resto de Sus atributos. Si Dios es omnipotente, entonces también lo es Su palabra. Y debido a que Dios es intencional, cuando Dios habla, lo que comunica es una palabra llena de propósito y de poder, que siempre llevará a cabo lo que Él desea. Así fue como el universo se originó: primero en la mente de Dios y después mediante el poder de Su palabra. Así como Dios organizó el universo con Su palabra, así organizaría a las naciones. La creación de las naciones y el establecimiento de su base moral fue Su idea en primer lugar (Gn 11, Hch 17:26).

Cuando Dios habla, hay respuesta a Su palabra porque Su palabra es tanto una expresión de Su voluntad como "una expresión de Él mismo". Cuando Dios habla, las cosas se mueven, los eventos suceden, las montañas tiemblan, las aguas retroceden. La palabra de Dios es eficaz y cumple Su propósito. Cuando Dios dijo: "Júntense en un lugar las aguas que están debajo de los cielos", las aguas se juntaron en un lugar y se descubrió lo seco. No hubo caos debajo del cielo cuando las aguas se movieron. Así es el poder organizacional de la palabra de Dios. Cuando Dios dijo: "Produzca la tierra vegetación", los árboles aparecieron donde debían y produjeron fruto. Cuando Dios dijo: "Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche", el sol y la luna fueron creados del tamaño y a la distancia necesaria para mantener la vida. Una luna un poco más grande o un poco más cerca hubiera causado mareas tan altas que inundarían el planeta y cambiarían su eje peligrosamente. No hubo confusión ante la voz de Dios. Cuando Dios terminó de crear el universo, vio todo lo que había hecho y concluyó que "era bueno en gran manera" (Gn 1:31). Esto era de esperarse, ya que "las obras expresan la mente, el espíritu, la voluntad y el carácter del creador". Así, lo que Dios había hecho era bueno porque le reflejaba. Cuando Dios habla, emana un poder capaz de crear lo que Él tiene previsto. Eso es lo que Dios dijo por medio del profeta Isaías en 55:11: "Así será Mi palabra que sale de Mi boca, no volverá a Mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié". Esto fue verdad al momento de la creación, y lo fue también al pie del monte Sinaí, cuando Dios entregó Su ley al pueblo de Israel.

Con esto podemos concluir que la palabra de Dios es poderosa, pero no es simplemente una fuerza. No es como la fuerza de gravedad que atrae las cosas hacia abajo pero sin ordenarlas al caer. La palabra de Dios no solo es poderosa, sino que tiene un propósito y es de incuestionable autoridad. Ninguna voz es como la de Él y ningún otro poder fuerza tienen estas características. Es única. Cuando Dios habló, que creó no fue solamente un universo material, sino un cosmos en equilibrio perfecto e intencional. Así, el mundo se convirtió en el escenario donde Dios planeaba mostrar Su gloria (theatrium gloriae), en palabras de Juan Calvino.

La casualidad no pudo haber creado esto porque carece de la inteligencia para diseñar, de propósito para organizar y de todas las cualidades que posee un Ser infinito para crear algo de la nada. De hecho, la casualidad es solo una posibilidad una vez que los eventos han ocurrido. Nada había sucedido hasta que Dios creó de la forma en que lo hizo. La casualidad no tiene poder porque no tiene existencia. Pero en el principio estaba Dios. Él es la causa detrás del efecto, como debe serlo. Si algo existe, alguien en algún lugar debe tener el poder de la existencia, y ese alguien es Elohim, el Dios creador. Su palabra no es sólo responsable de crearlo todo, sino también de sustentarlo todo. En Dios reside el poder de la existencia. Esto es lo que se nos reveló en Hebreos 1:3: "Él es el resplandor de Su gloria y la expresión exacta de Su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder".

Ahora bien, esa misma palabra divina creadora es la misma que estableció la formación del pueblo de Israel en el monte Sinaí. Las naciones no son capaces de existir sin un poder organizador y sustentador que les provea de dirección, estabilidad, integración y esperanza. Esto es lo que una cosmovisión congruente debe detallar. Cuando una cosmovisión es articulada y defendida ante un mundo incrédulo, muchos prestan atención. Esta cosmovisión puede incluso abrir la puerta a la presentación del evangelio completo.

Los Diez Mandamientos representan los principios éticos necesarios para la organización de la sociedad. Más de dos millones de judíos vagando en el desierto fueron organizados como una nación basada en estos mandamientos. Aunque el pueblo no los obedeció al pie de la letra, estos mandamientos enseñaron al pueblo cómo vivir y crearon un marco para ayudarlos a vivir de forma civilizada, como sucedió después con las naciones del occidente. Estos mandamientos forman parte de la palabra de Dios, que es poder en acción. Dios "sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder" (Heb 1:3). El apóstol Pablo, hablando a los ciudadanos de Atenas, los cuales no conocían a Dios, les dijo que "de uno hizo todas las naciones del mundo" (Hch 17:26) y en contexto añade "porque en Él vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17:28). El poder que sustenta el universo entero, incluyendo la humanidad, reside en Dios.

Dios y Su palabra nunca existen por separado. Su palabra es un perfecto reflejo de quién es Él. Como lo establece John Frame:

Así que la palabra es Dios. Donde sea que encontremos la palabra de Dios, encontramos a Dios. Cuando encontramos a Dios, encontramos Su palabra. No podemos encontrar a Dios sin Su palabra, o a Su palabra sin Dios. La palabra de Dios y Dios son inseparables. De hecho, Su palabra es la presencia de Dios. Donde la palabra de Dios sea predicada, leída o escuchada, ahí estará Dios.

Existen dos cosas que representan la esencia de Dios: Su nombre y Su palabra. Por esta razón, el salmista dice en el Salmo 138:2: "Porque has engrandecido Tu palabra conforme a todo Tu nombre".

 

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Este artículo fue adaptado de una porción del libro La palabra de Dios para transformar una nación, publicado por Poiema Publicaciones.
Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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Página 42 a la 46

 

Lo que Jueces 1 y 2 nos puede enseñar sobre el discipulado

Lo que Jueces 1 y 2 nos puede enseñar sobre el discipulado

El libro de Jueces comienza viendo hacia atrás y termina viendo hacia adelante. Este periodo de la historia de Israel abre así: "Después de la muerte de Josué" (1:1'); sus palabras finales crean una tensión que apunta hacia la época de la monarquía de Saúl, David, Salomón y sus sucesores: "En aquella época no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía mejor" (21:25). Para entender y apreciar los grandes picos y valles, los triunfos y (más a menudo) las tragedias de la época de los jueces, debemos comenzar mirando hacia atrás, como nos recomienda el versículo 1:1. 


El Dios que guarda Su promesa


Josué fue el sucesor de Moisés escogido por Dios para guiar al pueblo de Israel (Nm 27:12-23). Él era uno de los dos únicos hombres de toda la generación rescatada de Egipto que había permanecido fiel en confiar en las promesas de Dios de llevar a Su pueblo a la tierra prometida de Canaán (Nrn 14:30). Así que él y Caleb (a quien nos vamos a encontrar más tarde en Jueces 1) fueron los dos únicos que escaparon del juicio de Dios de la muerte en el desierto y que pudieron entrar a la tierra prometida.

El libro de Josué registra la obra de Dios en y por medio de Su pueblo para cumplir las promesas que les había hecho. de llevarlos a la tierra, de derrotar a sus enemigos y de comenzar a darles la bendición y el descanso. Es un libro que nos enseña que, ya que Dios siempre cumple Sus promesas, el pueblo de Dios lo puede obedecer y adorar de una forma valiente. También es un libro que prepara el terreno para Jueces.

Al principio y al final de Josué, Dios da instrucciones específicas a Josué y al pueblo que nos proveen un estándar para medir su progreso en Jueces 1. Primero, Dios les dice las dimensiones de la tierra que "Yo les entregaré a ustedes" (Jos 1:3-4). Segundo, les recuerda que sus avances militares (que dependen del Señor) deben ir acompañados de una vida espiritual íntima y humilde —un caminar con Dios. Deben tener "mucho valor y firmeza para obedecer toda la ley y meditar en él [el libro de la ley]" (v 7, 8). La victoria y el descanso llegarán porque son un pueblo que depende de y obedece a Dios; no serán el pueblo de Dios por lograr la victoria y el descanso por ellos mismos. No deben esperar el éxito si no acompañan toda su obra con la obediencia a Dios al mismo tiempo que meditan en Su palabra y confían en Sus promesas. 

El libro de Josué registra el inicio de este proceso de entrar y tomar posesión de la tierra. La mayor parte del tiempo, el pueblo obedientemente confía en Dios y Él les concede la victoria. Pero a medida que Josué se acerca al final de sus días, todavía hay mucho por hacer. La tierra se encuentra disponible para Israel, pero ellos todavía tienen que establecerse en ella confiando en Dios para sacar a los habitantes actuales.

El pueblo todavía tiene que confiar en que Dios cumplirá Sus promesas, y ellos tienen que obedecerlo valientemente: "Ustedes tomarán posesión de ella [la tierra], tal como Él lo ha prometido. Por lo tanto, esfuércense por cumplir todo lo que está escrito en el libro de la ley". (23:5-6). 

Una manifestación exterior de esta obediencia que confía en la promesa (lo que podríamos llamar fidelidad al pacto) es que Israel no debe entrar en pactos con otras naciones, servir a sus dioses o formar matrimonios con ellas (23:7,12). El propósito de echar fuera a los cananeos no es de venganza o económico, sino espiritual. Deben ser quitados de en medio para que Israel no caiga bajo su influencia religiosa: "Permanezcan fieles a Dios, como lo han hecho hasta ahora" (v.8). Debían construir un país que fuera su hogar para servir ahí a Dios, una tierra donde las naciones circunvecinas pudieran ver al Dios verdadero a través de las vidas de Su pueblo.

 

Espiritualidad valiente 


El llamado de Dios a Su pueblo (entonces y ahora) es a combinar la espiritualidad con la valentía. El verdadero discipulado es radical y acepta los riesgos porque los verdaderos discípulos confían en que Dios cumplirá Sus promesas de bendecirlos y no confían en sus propios instintos, planes o pólizas de seguro. 

Es difícil ser verdaderamente valiente sin tener fe en Dios. La clase de valentía que no surge como resultado de la fe en Dios es temeridad, heroísmo machista o sencillamente crueldad. Puede tener su origen en la inseguridad, o en un deseo de mostrar la autosuficiencia, o en la desesperanza. Solo la valentía que se basa en la fe mantendrá una posición intermedia entre las atrocidades, por un lado, y la cobardía y la ineficacia, por el otro. 

La fe en las promesas de Dios significa no seguir siempre la senda esperada y racional. Cuando Josué muere, se requerirá verdadera fe para conducir esta campaña de la manera en que Dios lo desea. Por un lado, los israelitas nunca deben retirarse cuando peleen con cualquier grupo de personas de Canaán, no importa qué tanto más fuertes sean que Israel. La política militar común manda que no pelees contra ejércitos superiores sobre los cuales no tengas ninguna ventaja numérica o tecnológica. Por Otro lado, Israel no puede Simplemente saquear y esclavizar a ningún grupo de personas en Canaán, no importa qué tanto más débiles sean que los israelitas, La política militar común manda que no te metas en el problema de echar a un pueblo que no es peligroso y al que puedes dominar y explotar económicamente. Con quién decida pelear Israel y la forma en que Israel responda a la victoria mostrará si verdaderamente están confiando en las promesas, si realmente están obedeciendo al Señor.


¡Jueces, por fin! 


El capítulo inicial de Jueces, leído a la luz de y medido en contraste con el patrón del libro de Josué, es una obra maestra de la narrativa. El veredicto por parte de Dios sobre el progreso de los israelitas no se emite al principio (como lo veremos) sino hasta el comienzo del capítulo 2. Pero la narrativa misma nos muestra que Israel, en este punto, es fiel aunque imperfecto. Los fundamentos se están colocando, y aunque son fuertes en ciertas partes, desde el inicio comienzan a erosionarse.

El capítulo 1 sigue la pista de los éxitos (y otras circunstancias) de nueve de las Tribus de Israel. Gran parte del enfoque cae en los de la tribu de Judá ya que Dios dice que ellos deben ser los primeros en completar la conquista de su territorio asignado (v 2).

Casi inmediatamente Judá fracasa. "Entonces los de la tribu de Judá dijeron a sus hermanos de la tribu de Simeón: Suban con nosotros... y pelearemos" (v 3). Militarmente esto es sentido común. Pero espiritualmente esto es infidelidad. La palabra dada por Dios fue, "Judá será el primero en subir"; Judá fracasa en obedecer totalmente. 

Van, pero no van solos. Su discipulado fue ejercido a medias. Sin embargo, por haber subido como se les indicó, "cuando Judá atacó, el Señor entregó en sus manos a los cananeos y a los ferezeos" (v 4). Derrotaron completamente a los habitantes y capturaron y mataron a Adoní Bézec ("el Señor de Bézec"), quien reconoce la justicia de este juicio sobre él; “¡Ahora Dios me ha pagado con la misma moneda! ", v 7). Es importante hacer notar que, mientras muchos lectores del siglo 21 podrían tener muchas dudas sobre la conducta de Israel en Canaán, este cananeo derrotado no las tiene. El juicio de Dios a 10 largo de la historia es entregar a las personas a las consecuencias de la vida que han escogido (Sal 64:3-4, 7-8; Ro 1:21-32). Adoni Bézec, al parecer, acepta esto. 

Al haber ganado esta victoria, Judá sigue tomando su herencia (Jue 1:8-11, 17-18). Entre el registro de estas victorias, el narrador se enfoca en una familia espiritualmente valiente en Israel: la familia del fiel Caleb. Aquí, en miniatura, es cómo todo Israel debería ser. Caleb ofrece su hija al hombre que "derrote a Quiriat Séfer y la conquiste" (v 12). Lo que él quiere para Acsa es la vida que él ha escogido para sí mismo: una de fidelidad al pacto, de obediencia osada en respuesta a las promesas de Dios. "Y fue Otoniel hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb, quien la conquistó" (v 13). 

Acsa, entonces, muestra que ella es la hija de su padre. La necesidad urgente de su nuevo esposo, Otoniel, de pedirle a Caleb un terreno (v 14) y su propia petición a Caleb, "dame también manantiales" (v 15), expone su deseo de tomar, asentarse y disfrutar las bendiciones de la tierra prometida. Caleb, Otoniel (con quien nos volveremos a encontrar en 3:1-6) y particularmente Acsa nos muestran el discipulado entusiasta e incondicional. En este sentido, ellos –y los quenitas (1:16), parientes lejanos de Israel que no obstante "acompañaron a la tribu de Judá... hasta el desierto de Judá"– representan una amonestación al resto del pueblo. Como muchas veces será el caso en este libro (así como también lo es en medio del pueblo de Dios hasta el dia de hoy), son la improbable y el extranjero (una mujer y los quenitas) los que muestran una fe real y radical.

 

Sentido común


Si el capítulo I terminara con el verso 18, sería casi completamente alentador y sería una buena señal para el resto de Jueces. pero el verso 19 nos sacude. "El Señor estaba con los hombres de Judá. Estos tomaron posesión de la región montañosa, pero no pudieron expulsar a los que vivían en las llanuras, porque esa gente contaba con carros de hierro". Judá no confía en el poder de Dios, así que mide su propia fuerza contra la de sus enemigos y fracasa en echar de la tierra a los moradores de las llanuras que poseían carros de hierro. 

El sentido común, pero sin fe, comienza a prevalecer aquí. Judá no confía en Dios; entonces no asegura su heredad para que puedan adorar a Dios sin compromiso. El remanente de los cananeos se convertirá en una espina en su costado en los siglos por venir.

No es nuestra falta de poder lo que nos impide gozar las bendiciones de Dios o adorar a Dios con todo el corazón; es nuestra falta de fe en Su poder. Cuando confiamos en nosotros mismos y basamos nuestro caminar con Dios en nuestros propios cálculos en vez de simplemente obedecer, nos encontramos tomando decisiones como las de Judá. Otoniel atacó una ciudad con el poder de Dios; la tribu de Judá concluyó que no podía atacar con su propio poder. Es discipulado ejercido a medias, y Jueces nos mostrará que este tipo de discipulado precede al abandono del discipulado por completo. iLa advertencia para nosotros es clara! 


No, tampoco, no


El contagio de la obediencia a medias, de confiar a medias en las promesas de Dios, se extiende. Los de la tribu de Benjamín fracasaron en que "no lograron expulsar a los jebuseos" (v 21). La casa de José hace pactos con un cananeo en lugar de confiar en las promesas del pacto de Dios (v 22-26). Manasés fracasa en expulsar a varios habitantes y después, cuando son lo suficientemente fuertes, decide explotarlos con trabajos forzados (v 27-28). La razón implícita es que tenía más sentido económico y requería menos esfuerzo esclavizarlos que expulsados. La conveniencia triunfa sobre la obediencia. 

Los de Efraín permiten que los cananeos vivan entre ellos (v 29). Zabulón opta por someterlos a trabajos forzados (v 30). Al pueblo de Aser le fue todavía peor: en vez de permitir que los cananeos vivieran entre ellos, ellos vivieron entre los cananeos (v 31-32), como lo hace Neftalí (v 33). Por último, a la tribu de Dan la "hicieron retroceder... hasta la región montañosa" (v 34). Lo que importa en el versículo 36 no son las fronteras de la herencia asignada a Israel, sino la frontera de los amorreos, las áreas donde ellos "estaban decididos a permanecer" (v 35). Aquí, no hay ningún alarde de mayores recursos o números militares. Más bien, la razón que se da es una mayor fuerza de voluntad y una osadía superior en tenacidad. El pueblo de Dios se ha vuelto menos valiente que los pueblos que no conocen a Dios.

De muchas maneras, y en la primera lectura, este es un capítulo sobre una gran conquista. Israel vive en la tierra prometida y se ha establecido en grandes áreas de la misma. Dos generaciones antes, cuando los israelitas sufrían bajo el yugo de esclavitud en Egipto, ellos no pudieron haber soñado que así serían las vidas que sus nietos vivirían, pero (y es un gran "pero") Israel no ha confiado ni obedecido por completo. Los israelitas ahora viven junto a los cananeos que adoran ídolos. Como minas enterradas. estos ídolos permanecen en un estado latente en Jueces 1, listos para explotar en las vidas espirituales del pueblo de Dios. 

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Este artículo fue adaptado de una porción del libro Jueces para Ti, publicado por Poiema Publicaciones.
Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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Páginas 15 a la 21

 

Cómo las relaciones virtuales nos distraen de la vida en comunidad

Cómo las relaciones virtuales nos distraen de la vida en comunidad

Hoy en día, no nos consideramos personas aisladas, o al menos no nos describiríamos de esa manera. Todos tenemos cientos de seguidores en Instagram o de amigos en Snapchat. Los “me gusta”, los comentarios y la atención crean una ilusión de comunión. Muchas personas saben mucho sobre nosotros. Pero la mayoría no nos conoce. Ven la selección de momentos que decidimos compartir, que son como una docena de piezas de un rompecabezas de mil piezas. Nadie puede ver la imagen completa en las redes sociales. Las publicaciones en nuestras cuentas nos hacen sentir que nos conocen, pero lo cierto es que impiden que nos conozcan verdaderamente.

Hebreos dice: “Cuídense, hermanos, de que ninguno de ustedes tenga un corazón pecaminoso e incrédulo que los haga apartarse del Dios vivo. Más bien, mientras dure ese ‘hoy’, anímense unos a otros cada día, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado” (Heb 3:12-13). En poco tiempo, los cristianos aislados terminan siendo cristianos sin vida. Debido a cómo el pecado nos ataca —viviendo dentro de nosotros, morando en nuestros corazones, convenciéndonos de que lo falso es verdadero— necesitamos que otros nos recuerden regularmente (“cada día”) lo que es verdadero y nos adviertan de no jugar con el pecado ni ceder ante él. A medida que los cristianos van creciendo y madurando, no se supone que estén más desconectados ni que sean más independientes. La idea es que estemos más conectados y seamos más dependientes mientras esperamos que Cristo regrese. Nos debemos exhortar unos a otros cada día: aléjate del pecado, acércate a Dios y salva tu alma. Sin esas voces, estamos condenados. Satanás es demasiado convincente, demasiado persuasivo, demasiado astuto. Él nos conoce mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos, y nos engañará hasta la muerte si se lo permitimos.

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"Las relaciones verdaderas, significativas y que transforman vidas no suceden ni perduran por accidente.”
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Dios puede utilizarnos para animarnos y desafiarnos unos a otros de muchas maneras, y eso incluye los mensajes de texto que enviamos y las publicaciones que compartimos, pero la forma más eficaz de luchar en esta guerra masiva es por medio del encuentro cara a cara y vida con vida, porque siempre seremos propensos a proyectar una imagen diferente de nosotros mismos, una versión de nosotros que nos guste, y no lo que realmente somos. La tentación sigue estando presente cuando nos encontramos con amistades cara a cara, pero es mucho más fácil escondernos detrás de una pantalla. Reunirnos con otros de manera regular nos hace más vulnerables ante ellos.

El autor de Hebreos escribió: “Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbran hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón ahora que vemos que aquel día se acerca” (Heb 10:24-25). La inclinación natural de nuestras vidas será alejarnos de la vida en comunidad. Las relaciones verdaderas, significativas y que transforman vidas no suceden ni perduran por accidente. Requieren de esfuerzo e intencionalidad. Siempre seremos tentados a no reunirnos, a no exponernos regularmente —nuestras decisiones, emociones, cargas, pecados— ante otros creyentes. Lo digo por experiencia. El diablo no quiere que nuestros hermanos en Cristo nos conozcan, porque el verdadero conocimiento conduce al consuelo, la convicción, la sanidad y la santidad que él tanto odia.
 

Un jardín secreto de orgullo

Algo clave para caminar a través del dolor y la decepción son las personas que mantienes cerca. El sufrimiento puede ser la manera predilecta de Satanás para aislarte. El dolor puede convertirse en un jardín secreto de orgullo. No hablamos de él con frecuencia, porque es tan sensible, tan vulnerable —tan doloroso. Pero por más sensible que sea el tema del dolor, no abordarlo es igualmente peligroso. En el peor de los casos, puede llevarnos a dudar de la bondad de Dios, a revolcarnos en la autocompasión, y a alejarnos de Él y de todos los demás. El dolor se convierte en orgullo porque cree que nadie más entiende. “Nadie siente lo que yo siento”. Así que el dolor se aleja de cualquiera que quiera abordar su sufrimiento. Pero Dios se ha entregado a Sí mismo, nos ha dado Su Palabra, y nos ha dado hermanos para darnos fe, consuelo y fortaleza en medio de nuestro dolor, incluso el dolor más severo y particular.

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"Algo clave para caminar a través del dolor y la decepción son las personas que mantienes cerca.”
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Nuestra prueba para determinar si nuestro dolor está produciendo orgullo es preguntar cómo respondemos al ánimo que nos quieren dar los demás, sobre todo cuando se trata de otros creyentes que no entienden nuestra tristeza, soledad, desilusión o cualquier otra cosa que sintamos. ¿Estamos dispuestos a escuchar la esperanza que Dios nos da a través de alguien que no ha experimentado o no puede entender nuestro dolor actual? Si no estamos dispuestos, entonces nuestro dolor nos ha llevado al aislamiento y Satanás está teniendo éxito en su plan para nuestro sufrimiento.

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Este artículo fue adaptado de una porción del libro Soltero por ahora, publicado por Poiema Publicaciones.
Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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Páginas 74

 

5 preguntas con las que todo cristiano lucha

5 preguntas con las que todo cristiano lucha

Sin lugar a dudas, tu perspectiva de Dios moldeará tu perspectiva de tus circunstancias. Tu teología es como un lente a través del cual examinas la vida. Esto significa que nunca llegas a una circunstancia desde algún punto de feliz neutralidad. Tú y yo siempre estamos evaluando nuestra situación desde el punto de vista del asombro vertical o de la falta de asombro. De alguna manera, al igual que los hijos de Israel, siempre nos estamos haciendo cinco preguntas profundamente teológicas, y la manera en que las contestamos nos conducirá a la esperanza o al pánico.

Es importante decir que, de alguna forma u otra, respondes estas preguntas cada día. Cada día tú y yo razonamos teológicamente sobre nuestras vidas. De esta manera, puede que nuestra vida diaria esté siendo influenciada por nuestra teología funcional más que por nuestra teología formal. La teología que adoptamos inconscientemente puede diferir significativamente de la teología que decimos creer cuando hacemos compromisos teológicos conscientes. El Dios de nuestros esquemas formales puede ser muy diferente del Dios en el que pensamos diariamente en esos momentos en que somos inconscientes de que estamos pensando en Él. Cada día te haces y contestas estas importantes preguntas teológicas, seas pastor, programador de computadoras, secretaria, estudiante o plomero. Y lo haces influenciado por el asombro vertical o por la amnesia del asombro.



1. ¿Es Dios bueno?

Puedes estar seguro de que la bondad de Dios te confundirá. Verás, lo que parece bueno desde la perspectiva perfecta y eterna de Dios no siempre nos parece bueno. Es difícil aceptar que Dios sabe qué es lo mejor para nosotros. Es difícil aceptar que Dios puede utilizar las dificultades para algo bueno en nuestras vidas, por lo que nos resulta difícil confiar en Su plan. Y, nuevamente, el asunto del asombro está detrás de esto. Si vivo en el centro de la capacidad de asombro que Dios me dio —es decir, si el asombro por mí mismo ha reemplazado el asombro por Dios— entonces invariablemente concluiré que Dios no es bueno, y me quejaré por todo.

Si estoy en el centro, definiré lo bueno como todo aquello que sea cómodo, predecible, placentero, natural y fácil. La buena vida será la vida fácil porque el asombro por mí mismo habrá reemplazado el asombro por Dios como la principal motivación de mi vida. Así que cuando llega la dificultad, mi respuesta teológica automática será preguntarme por qué Dios está haciendo lo que hace y dudar de Su bondad. En mis primeros días de ministerio, me sorprendió que muchas de las personas a las que aconsejaba estaban enojadas con Dios y asumían que Él no era bueno.

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"Su bondad es el fundamento de todas Sus asombrosas cualidades.
Él nunca piensa, desea, dice o hace lo malo.”
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Y aquí está lo peligroso de este tipo de pensamiento. Como he mencionado anteriormente en este libro y en otras partes, si te permites dudar de la bondad de Dios, dejarás de seguir Sus mandamientos y dejarás de acudir a Él en busca de ayuda porque ya no confías en Él. Pero Dios sí es bueno. Su bondad es el fundamento de todas Sus asombrosas cualidades. Él nunca piensa, desea, dice o hace lo malo. Él es la definición de todo lo que es bueno, justo y verdadero. Todo lo que hace es bueno en todos los aspectos. Su bondad es tan gloriosa que debería dejarnos sin aliento, en silencio y maravillados. Y si Su bondad nos maravilla, no temeremos en tiempos de tribulación y no nos negaremos a hacer las cosas difíciles que Él nos llama a hacer.

Desearía poder decir que nunca he juzgado ni cuestionado la bondad de Dios, pero sí lo he hecho. Durante tres años hospedé a mi padre anciano, cuyo pecado había devastado a nuestra familia. Yo esperaba ser usado por Dios para que él se arrepintiera de su pecado, pero nunca sucedió. Un día cayó por las escaleras, quedó en coma y murió. Desde mi perspectiva, no había salido nada bueno de todo aquello. Haberlo hospedado parecía haber sido un enorme desperdicio. Estando en un ascensor del hospital, comencé a descargar toda la ira que había estado acumulando en mi interior. Menos mal que estaba solo. La manera en que cuestioné la bondad de Dios me asustó. Fue humillante que por un breve instante me permitiera pensar que sabía más que Dios, que mi “bondad” era mejor que la Suya. ¿Qué hay de ti? ¿El asombro por la bondad de Dios le da sentido a tu vida? ¿O las dificultades de la vida te llevan a cuestionar Su bondad?



2. ¿Cumplirá Dios lo que prometió?

Pocas preguntas en la vida son más importantes que esta. Debido a que todos somos pequeños y débiles, a que realmente no sabemos lo que sucederá en el futuro y a que Dios nos llama a hacer cosas difíciles, necesitamos saber que Sus promesas son confiables. ¿Estará Él siempre con nosotros? ¿Suplirá todo lo que necesitamos? ¿Nos perdonará? ¿Será Su amor eterno? ¿Continuará Su obra de gracia hasta que esté completa? ¿Nos proporcionará la guía y protección que necesitamos? ¿Lo hará?

Las promesas de Dios están diseñadas para motivarnos. Su propósito es infundirnos esperanza y valentía. Son poderosas para vencer nuestros sentimientos de soledad, incapacidad y miedo, y para darnos paz cuando nos rodean el caos y la confusión. Las promesas de Dios están diseñadas para asombrar tu mente y darle descanso a tu corazón. Son regalos de gracia para ti. En lo profundo de tu corazón, sabes que no mereces las bendiciones que Él derrama sobre ti. Sus promesas deben producir asombro por Él y hacer que te maravilles de la gloria de Su gracia. Sus promesas están diseñadas para ser la forma en que interpretas y le das sentido a tu vida.

Me sorprende el número de creyentes a quienes he visto sumergidos en un estado de parálisis espiritual porque ya no creen en las promesas de Dios. Como no creen en las promesas de Dios, no tienen razones para seguir haciendo las cosas radicales que Dios llama a Sus hijos a hacer. Si la duda reemplaza al asombro, pronto renunciarás a las disciplinas de la vida cristiana. Tu problema no es que la vida sea difícil. Tu problema es que has perdido el asombro por el Dios que hizo las promesas que antes motivaban tu forma de lidiar con la vida. ¿Tienes la esperanza y la valentía que resultan de creer en las promesas de Dios? ¿O cuestionas su confiabilidad?



3. ¿Está Dios en control?

Es fundamental que tu asombro descanse en esto. De alguna forma, todas las demás preguntas se basan en esta. No haría ninguna diferencia en la vida si Dios no gobernara los lugares que se resisten a Su bondad. La confiabilidad de las promesas de Dios depende de la extensión de Su control. Él solo puede garantizar Su intervención donde tenga control absoluto. ¿De qué sirve Su poder si carece de la autoridad para ejercerlo? No sirve de nada saber que Dios está en control si Él no gobierna las circunstancias en las que Su cuidado es esencial. Sí, todo el consuelo que nos ofrecen las asombrosas cualidades de Dios se basa en Su control soberano sobre toda situación, lugar y persona.

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“Sí, todo el consuelo que nos ofrecen las asombrosas
cualidades de Dios se basa en Su control soberano
sobre toda situación, lugar y persona.”
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Pero aquí está el problema: a simple vista, tu mundo no parece estar bajo un control cuidadoso y sabio. De hecho, por momentos parece estar completamente fuera de control. Esto nos lleva de regreso al mismo punto donde nos han llevado las otras preguntas. ¿Vas a dejar que sean tus circunstancias las que te digan quién es Dios, o que sea la asombrosa revelación de Dios sobre Sí mismo la que interprete tus circunstancias? Verás, las personas que viven con miedo, que se atormentan con demasiadas preguntas de tipo “¿y si...?” o que no logran apagar su cerebro cuando se van a dormir no tienen un problema de circunstancias; tienen un problema de asombro. En esas situaciones donde no tenemos el control, solo podremos descansar cuando estemos asombrados por Aquel que las controla para Su gloria y nuestro bienestar.

El problema principal de las personas que creen que tienen que estar en control no es uno de poder; tienen un problema de asombro que les produce un hambre de poder. Una falta de asombro por la soberanía de Dios causa que traten de establecer su paz personal y su seguridad mediante el control personal. ¿Qué hay de ti? ¿Has sido liberado de tu temor y de tu necesidad de estar en control por el asombro que produce la soberanía infinita de Dios?



4. ¿Tiene Dios el poder necesario?

¿Cómo mides el poder de Dios? ¿Cómo pueden mentes débiles entender algo infinito? Las Escrituras nos dicen que Dios viene a nosotros con el mismo poder que levantó a Cristo de los muertos. ¡Esa es la definición de poder absoluto! ¿Qué sería más poderoso que la capacidad de infundir vida a un cuerpo muerto? ¿Cuál podría ser una mejor definición de poder omnipotente que el ser capaz de levantarse y caminar después de estar muerto? No existe lugar en donde los seres humanos sean más impotentes que ante la muerte.

Si has experimentado la muerte de algún ser querido, sabes a qué me refiero. Permanecí junto a la cama de mi madre después de que ella murió, deseando tener una última conversación con ella, anhelando poder escucharle decir “te amo” una última vez, deseando que ella pudiera tomar mi mano y decir que todo estaría bien. Lo deseaba con todo mi corazón, pero ella se había ido y yo no podía hacer nada al respecto.

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“El poder de Dios es tan grande que Él gobierna
la vida y la muerte.”
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El poder de Dios es tan grande que Él gobierna la vida y la muerte. Ahora, esta es la razón por la que esto es importante. Solo podrás tener paz ante tu propia debilidad, tus fracasos y tu incapacidad cuando seas asombrado por el maravilloso poder de Dios. Solo podrás hacer lo que no tienes la capacidad natural de hacer cuando sepas que el asombroso poder de Dios está contigo. El asombro por el poder de Dios produce valentía ante la debilidad. El asombro por el poder de Dios permite que admitas tus límites y aun así vivas con valentía y esperanza. El temor, la negación, el esconderse, excusarse o huir no son principalmente problemas de debilidad, sino problemas de asombro. Puedo enfrentar lo que es más grande que yo porque sé que Aquel que está conmigo es más grande que lo que estoy enfrentando. ¿Qué hay de ti? ¿Cuánto de lo que haces lo haces por miedo y no por fe? ¿Cuán frecuentemente eres paralizado por tu debilidad? ¿Vives con valentía a la luz de tu asombro por el poder de Dios?



5. ¿Tiene Dios cuidado de mí?

Quizá sea esta la pregunta de la que somos más conscientes. Es la pregunta que se hace el niño que es acosado en el colegio. Es la pregunta que se hace la esposa que observa cómo su matrimonio se derrumba. Es la pregunta que se hacen los padres que terminan exhaustos después de un día difícil con sus hijos. Es la pregunta que se hace la mujer soltera, el hombre que perdió su trabajo y la persona que tristemente tuvo que abandonar la iglesia por su mala doctrina; la que se hace el débil anciano que sufre y el enfermo que lucha contra una enfermedad crónica. Es la pregunta que te haces cuando observas que la cultura que te rodea va de mal en peor.

El cuidado de Dios es fundamental. Me permite saber que todos Sus atributos operan a mi favor. Su cuidado significa que será bueno conmigo. Su cuidado significa que hará lo que me ha prometido. Su cuidado significa que ejercerá Su control a mi favor. Su cuidado significa que desatará Su asombroso poder a mi favor. El asombro por Su cuidado me permite abrazar la esperanza que me dan todas sus demás cualidades. La Biblia nunca cuestiona el cuidado de Dios; lo asume y lo declara. Te confronta con la naturaleza de Su misericordia, amor, paciencia, gracia, ternura y fidelidad. Él es el Padre más amoroso. Él es el único Amigo que es completamente fiel, el que permanece más cerca que un hermano. Él nunca te abandonará. Él es el que no te envía si no va contigo. Es tu protector, guía, defensor, maestro, salvador y sanador. Él nunca se burla de tu debilidad, sino que te fortalece. Nunca utiliza tu pecado contra ti, sino que te otorga el perdón. No tiene favoritos, nunca se da por vencido contigo; no se agota ni desea renunciar. Nunca es desleal. Su cuidado es tan asombroso y completo que nada de lo que experimentes en tu vida se le compara. ¡Él tiene cuidado de ti!

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“Él es el que no te envía si no va contigo. Es tu protector, guía,
defensor, maestro, salvador y sanador.”
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¿Qué hay de ti? ¿Atraviesas tiempos de desilusión y quejas porque te has permitido dudar de Su cuidado? El tamaño de tu esperanza es directamente proporcional al nivel de tu asombro por el cuidado de Dios.

Así que toda queja y todo gruñido es profundamente teológico. Nuestro problema no es que la “buena vida” nos haya abandonado, que las personas nos hayan fallado o que la vida haya sido difícil. Todas estas cosas nos suceden porque vivimos en un mundo caído. Y si nuestro contentamiento se basa en que la vida sea fácil, cómoda y placentera, no tendremos contentamiento en este lado de la eternidad. Nos quejamos demasiado no porque tengamos problemas horizontales, sino porque tenemos un problema vertical. Solo podrás tener gozo cuando el asombro por Dios gobierne tu corazón, y lo tendrás aunque otros te decepcionen y la vida sea difícil. El asombro significa que tu corazón se llenará reconociendo la bendición más que la necesidad. Serás maravillado diariamente por lo que se te ha dado, en lugar de sentirte perturbado constantemente por lo que crees necesitar. El asombro produce gratitud, la gratitud infunde gozo, y el resultado del gozo es el contentamiento.

Es muy probable que te quejes el día de mañana, y cuando lo hagas, clama al Salvador por ayuda. Solo Él puede abrirte los ojos para que contemples Su gloria. Solo Su gracia puede satisfacer tu corazón. Y mientras clamas, recuerda que Él es tan rico en Su gracia que siempre escuchará tu clamor.

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Este artículo fue adaptado de una porción del libro Asombro, publicado por Poiema Publicaciones.
Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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Páginas 103 a la 110

William Tyndale: Reformador y traductor de la Biblia

William Tyndale: Reformador y traductor de la Biblia

Colocado en un lugar prominente de mi estudio, como si mirara sobre mi hombro derecho, se encuentra la imagen de un imponente retrato del gran traductor de la Biblia, William Tyndale.

La obra original, pintada en óleo sobre lienzo, proviene del pincel de un artista anónimo. Fue pintado a fines del siglo XVII o comienzos del XVIII, y ahora el original cuelga en la National Portrait Gallery de Londres. Tyndale aparece en el retrato sentado, completamente vestido de negro, y rodeado de un sutil fondo marrón oscuro. Su rostro y sus manos parecen brillar a la luz de una vela que está oculta a la vista.


La mano izquierda de Tyndale balancea un libro, manteniéndolo horizontal para que no caiga. Este libro es una Biblia, la colección de escritos divinamente inspirados al que Tyndale consagró su vida para trasladarlo del hebreo y el griego al inglés. Su mano derecha parece descansar en una mesa oscura, mientras que su índice derecho apunta con decisión a la Biblia. Tyndale está desviando la atención del observador lejos de él y, más bien, está atrayendo todas las miradas hacia este Libro sagrado en el que creía con firmeza y al cual dedicó toda su vida.


Debajo de la Biblia, el artista ha pintado un estandarte desplegado y que parece suspendido en el aire. Lo que está escrito en latín en el estandarte indica que Tyndale es académico de Oxford y Cambridge: Hac ut luce tuas dispergam Roma tenebras sponte extorris ero sponte sacrificium. Esto significa: “Para ahuyentar las tinieblas romanas con esta luz, la pérdida de la tierra y la vida estimaré liviana”. Este mensaje valiente representa la misión de vida de Tyndale. Al traducir la Biblia al inglés, este brillante lingüista encendió la llama que disiparía la oscuridad espiritual de Inglaterra. La traducción de Tyndale de las Escrituras develó la luz divina de la verdad bíblica que brillaría a través de todo el mundo de habla inglesa, dando paso al amanecer de un nuevo día.

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“Para ahuyentar las tinieblas romanas con esta luz, la pérdida de la tierra y la vida estimaré liviana.”

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En el fondo del retrato, detrás de Tyndale, están las palabras Guilielmus Tindilus Martyr. Esta es la traducción latina del primer y segundo nombre de este académico, junto con la palabra mártir, identificando el alto costo que pagó Tyndale para llevar la Escritura al lenguaje de sus compatriotas. Esta figura heroica murió como mártir en 1536, estrangulado hasta morir con una cadena de hierro, después su cadáver fue incinerado y hecho estallar con pólvora esparcida alrededor de su cuerpo calcinado.

En la parte inferior del retrato, hay un recuadro con una explicación del martirio de Tyndale. Las palabras están en latín y esta es su traducción:


Esta pintura representa, tanto como puede el arte, a William Tyndale, en otro tiempo estudiante de este Hall [Magdalen] y ornamento del mismo, quien, después de establecer aquí el feliz comienzo de una teología más pura, dedicó sus energías a traducir el Nuevo Testamento y el Pentateuco a la lengua común en Amberes. Fue ésta una labor tan inmensamente orientada a la salvación de sus compatriotas, que con justicia se le llamó el Apóstol de Inglaterra. Ganó su corona de mártir en Vilvoorde, cerca de Bruselas, en 1536. Un hombre —si podemos creerle aun a su adversario (el Procurador General del Emperador)— instruido, piadoso y bueno.

La ironía de este retrato es que Tyndale nunca posó para tal representación. Para proteger su anonimato, no podía reproducir su aspecto facial en un lienzo. La obra que llevó a cabo tenía un precio demasiado alto como para permitirse ser reconocido. Solo después de su horrible muerte pudo Tyndale ser conocido.

Este retrato de Tyndale cuelga en mi estudio como un constante recordatorio visual del invaluable tesoro que descansa en mi escritorio: la Biblia en inglés. Enfatiza el hecho de que cuando predicó sus verdades, la luz espiritual está siendo enviada a este mundo oscuro. Además, este retrato me da testimonio del gran precio que exige el develar la verdad de la Biblia en este tiempo ennegrecido por el pecado.

Cuando Tyndale entraba en la escena del mundo, Inglaterra yacía cubierta de una oscura noche de tinieblas espirituales. La iglesia en Inglaterra permanecía envuelta en la medianoche de la ignorancia espiritual. El conocimiento de la Escritura casi se había extinguido en el país. Aunque había unos veinte mil sacerdotes en Inglaterra, se decía que ni siquiera eran capaces de traducir una simple línea del Padrenuestro. Los clérigos estaban tan hundidos en una ciénaga de superstición religiosa que no tenían ningún conocimiento de la verdad. Las únicas Escrituras en inglés eran unas pocas copias a mano de las Biblias Wycliffe, traducidas de la Vulgata latina a fines del siglo XIV. Los lolardos, un pequeño grupo de valientes predicadores y seguidores de Wycliffe, distribuyeron ilegalmente estos libros prohibidos. La sola posesión de la traducción de Wycliffe condujo a muchos al sufrimiento. Algunos incluso enfrentaron la muerte.

El Parlamento aprobó una ley conocida como la De haeretico comburendo en 1401, la cual, como lo indica su título, legalizaba la quema de los herejes en la hoguera. Debido a que los lolardos eran percibidos como una amenaza, traducir la Biblia al inglés se consideraba un crimen capital. En 1408, Thomas Arundell, el Arzobispo de Canterbury, escribió las Constituciones de Oxford, que prohibían cualquier traducción de la Biblia al inglés a menos que fuera autorizada por los obispos:

Es algo peligroso... traducir el texto de las Sagradas Escrituras de un idioma a otro, porque en la traducción el mismo sentido no siempre se mantiene... Por lo tanto, decretamos y ordenamos que, en lo sucesivo, ningún hombre por su propia autoridad traduzca ningún texto de la Escritura al inglés o cualquier otro idioma... Ningún hombre puede leer tal libro... ni en parte ni completo.

Aun enseñar la Biblia ilegalmente en Inglaterra se consideraba un crimen digno de muerte. En 1519, siete lolardos fueron quemados en la hoguera por enseñarles a sus hijos el Padrenuestro en inglés. La noche espiritual había caído sobre toda la tierra inglesa. La oscuridad que la cubría no podría haber sido más cruda.

Al mismo tiempo, los fuegos de la Reforma estaban inflamando lugares tales como Wittemberg y Zúrich, y no pudieron ser contenidos. Chispas de la verdad divina pronto saltaron sobre el Canal de la Mancha y encendieron los palos secos en Inglaterra. Hacia 1520, los académicos de Oxford y Cambridge leían y discutían las obras de Lutero. Esta llama era avivada por la disponibilidad del Nuevo Testamento de Erasmo en griego que era acompañado por su traducción latina en 1516, un año antes de que Lutero publicara sus noventa y cinco tesis. Este recurso fue muy valioso para los académicos que leían griego y latín. Pero no tenía ninguna utilidad para el hombre inglés común, que no leía ninguno de los dos idiomas. Si la Reforma iba a llegar a Inglaterra, no bastaría con simplemente gritar sola Scriptura. Debía haber una traducción de la Biblia al idioma inglés para que el pueblo leyera. ¿Pero cómo podía llegar a ocurrir?

En esta hora oscura, Dios levantó a William Tyndale, un hombre sin par que poseía extraordinarias habilidades lingüísticas combinadas con una invariable devoción por la Biblia. Él era un connotado académico, experto en ocho idiomas: hebreo, griego, latín, italiano, español, inglés, alemán, y francés. Poseía una insuperable habilidad para trabajar con sonidos, ritmos y sentidos del idioma inglés. Pero a fin de realizar su labor de traducción, se vería obligado a dejar su Inglaterra natal, para no volver jamás. Esta tenaz figura viviría en la clandestinidad como un hereje condenado y fugitivo perseguido durante los últimos doce años de su vida. Finalmente pagaría el precio más alto al entregar su vida al martirio para otorgarles a sus compatriotas el Nuevo Testamento y la mitad del Antiguo Testamento en inglés. Su gran hazaña de traducir la Biblia al inglés desde el griego y el hebreo originales no se había logrado hasta entonces. Este destacado reformador se convertiría en el más significativo de los primeros protestantes ingleses.