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4 beneficios de la sabiduría según el libro de Proverbios

4 beneficios de la sabiduría según el libro de Proverbios

La sabiduría estaba con Dios cuando Él plantó los fundamentos del mundo. El Nuevo Testamento enseña que el agente de la creación fue Jesús, la Palabra eterna y la Sabiduría de Dios (Juan 1:1-14, Hebreos 1:1-4).

Debido a que la Biblia es la Palabra de nuestro Creador, ella es el “manual del propietario” de nuestra alma. Las cosas que ordena son las mismas cosas para las que fuimos creados. Así que obtendremos sabiduría divina cuando nos relacionemos con Dios no solo como un ser divino en general, sino como nuestro Creador. Pero si Jesús es la sabiduría de Dios, entonces para ser sabios también debemos entender el evangelio (1 Corintios 1:24). La lógica del evangelio —que eres un pecador y, al mismo tiempo, un hijo de Dios incondicionalmente amado— brinda una combinación única de humildad y confianza que te hace sabio de una manera en que nada más puede hacerlo. La sabiduría bíblica, entonces, nos lleva de regreso a los mismos fundamentos de la tierra. La única sabiduría que funciona en la vida diaria es esa misma Sabiduría que creó y redimirá al mundo.

A continuación cuatro beneficios de obtener sabiduría:

 

1. EL GOZO DE LA SABIDURÍA

[Habla la sabiduría:] “Allí estaba yo, afirmando Su obra. Día tras día me llenaba yo de alegría, siempre disfrutaba de estar en Su presencia; me regocijaba en el mundo que Él creó; ¡en el género humano me deleitaba!” (Proverbios 8:30-31).

El Padre y el Hijo se deleitaron en el mundo que hicieron y en nosotros. Somos capaces de ver la belleza de Su creación cuando las cosas están correctamente relacionadas entre sí. Por eso creemos que un arco es más hermoso que un campo de rocas, y que el amor es más hermoso que el odio. Cuanto más discernimos cómo encajan las partes de una pieza musical o de una flor, más nos deleitamos en la música y en las flores, no por lo que pueden hacer por nosotros, sino por lo que son: parte de la creación de Dios. La sabiduría consiste esencialmente en discernir y formar las relaciones correctas y regocijarse en ellas.

Dios nos creó simplemente por la alegría y el amor de ello. Él no nos ama por lo que puede obtener de nosotros, sino por lo que somos. Así que la máxima sabiduría es amar a Dios simplemente por quien es Él y valorar a los seres humanos no por lo que podemos obtener de ellos, sino porque reflejan la imagen de nuestro Creador (Génesis 1:26).

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La máxima sabiduría es amar a Dios por quien es Él.
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2. EL BANQUETE DE LA SABIDURÍA

Envió a sus doncellas, y ahora clama desde lo más alto de la ciudad. “¡Vengan conmigo los inexpertos!—dice a los faltos de juicio—. Vengan, disfruten de mi pan y beban del vino que he mezclado. Dejen su insensatez, y vivirán; andarán por el camino del discernimiento” (Proverbios 9:3-6).

La sabiduría nos llama a buscar el camino a su casa, donde nos espera un banquete. La buena comida representa los deseos y apetitos de nuestros corazones. “Con el tiempo crecemos en sabiduría o en necedad dependiendo de cuáles sean los amores y compromisos fundamentales que nos impulsen”. No podemos vencer la adicción al trabajo si amamos demasiado el dinero y el estatus. No podemos vencer la amargura ni la calumnia si amamos demasiado nuestra reputación. No se trata solo de fuerza de voluntad, sino de un reordenamiento de nuestros deseos que conduce a la sabiduría.

El camino de la sabiduría no se caracteriza por soluciones rápidas ni por cambios drásticos. Es un camino de entrenamiento arduo y de disciplina. Pero entrena tu corazón, no solo tu mente y tu voluntad. No te limites a creer en la bondad de Dios; experiméntala por medio de la adoración y de la oración. Los cristianos saben que el máximo banquete para el alma será la cena de bodas del Cordero (Apocalipsis 19:6-9), donde Jesús, el Señor del banquete, nos satisfará plenamente, dándonos el “mejor vino” de Su amor salvador (Juan 2:1-11). Incluso lo poco que Él nos permite probar ahora calmará nuestra inquietud y nos hará sabios. “El monte de Sión arroja mil dulces sagrados [aun] antes de llegar a los campos celestiales y caminar por las calles doradas”.

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El camino de la sabiduría no se caracteriza por soluciones rápidas ni por cambios drásticos. Es un camino de entrenamiento arduo y de disciplina.
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3. EL PROGRESO DE LA SABIDURÍA

El que corrige al burlón se gana que lo insulten; el que reprende al malvado se gana su desprecio. No reprendas al insolente, no sea que acabe por odiarte; reprende al sabio, y te amará. Instruye al sabio, y se hará más sabio; enseña al justo, y aumentará su saber (Proverbios 9:7-9).

La vida nos reprende a través de los duros golpes de las pruebas y los problemas, los cuales revelan nuestras debilidades y necedades. Los amigos nos ayudan a crecer a través del amor de la corrección. Estas son las dos versiones del método de enseñanza principal de la sabiduría: la “retribución”.

Cuanto más avanzas en el camino hacia la necedad, más interpretas todos los eventos como si apoyaran lo que siempre creíste. Y cuando las cosas van mal, culpas a los demás y a las circunstancias por tus problemas. Esto endurece tu corazón en lugar de suavizarlo, y te hace menos abierto al consejo. Instruye al sabio y será más sabio, pero trata de decirle algo al burlón y será peor de lo que era antes. En el Nuevo Testamento, Jesús expuso este principio. “Al que tiene, se le dará más” (Mateo 13:12-16). Mientras más sabiduría tengas, más sabiduría ganarás en cada giro del camino de la vida. Mientras menos sabiduría tengas, menos aprenderás. Así que aprende de tus errores y de las críticas, cueste lo que cueste.


4. EL COMPAÑERISMO DE LA SABIDURÍA

Si eres sabio, tu premio será tu sabiduría; si eres insolente, solo tú lo sufrirás (Proverbios 9:12).

La sabiduría antigua enseñaba que la única forma de prosperar como persona era poniendo las necesidades de tu familia y de tu comunidad por encima de tus intereses personales. Nuestra cultura moderna rechaza esto por completo. Se nos dice que “seamos fieles a nosotros mismos”, que decidamos quién queremos ser y luego exijamos que nuestra comunidad y nuestra familia lo reconozcan y lo respeten, independientemente de su impacto en las relaciones. Hoy sacrificamos el bien del grupo por la libertad absoluta del individuo. El resultado es un número creciente de personas que se sienten desconectadas y solas. 

Los burlones se ríen de los valores y de las creencias de cualquier comunidad. Por lo tanto, no tienen verdaderos amigos y al final sufren solos. Los cristianos no consideran absolutas ni la voluntad del individuo ni la de la comunidad, sino solo la voluntad de Dios. Cuando creemos en el evangelio, las barreras de orgullo que nos dividen son derrumbadas (Efesios 2:14-16) y los solitarios ganan una familia (Salmo 68:6, Juan 1:12-13). La salvación conduce a relaciones cada vez más profundas, pero el pecado a la soledad.

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Este artículo fue adaptado de una porción del libro Sabiduría de Dios para navegar por la vida, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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Página 32

La labor del discernimiento en nuestro crecimiento espiritual

La labor del discernimiento en nuestro crecimiento espiritual

El crecimiento es una función de supervivencia necesaria para todos los seres vivos. Si una flor crece, está viva. Si deja de crecer (o nunca lo hace), se marchita y muere. Eso es biología básica. Lo mismo es cierto para los cristianos. Cuando el evangelio nos salva, le da vida en Cristo a corazones que estaban muertos (Col 2:13). Nos volvemos recién nacidos espirituales que están despiertos y hambrientos, retoños sedientos con ojos recién abiertos al mundo. E inmediatamente empezamos a crecer.

Ese crecimiento nunca terminará. Es una señal de que hay vida espiritual. Inevitablemente seguiremos aprendiendo y creciendo y creciendo y aprendiendo, incesantemente, para siempre. Un cristiano que no crece es algo irreal. No existe. Seguir a Cristo es ser un aprendiz de por vida. Crecemos porque estamos vivos.

Discernimiento = crecimiento

 Pero no podemos crecer sin discernimiento. Estas dos cosas están unidas y es imposible separarlas. ¿Qué es el discernimiento? Es la habilidad de definir y actuar según la diferencia entre lo bueno y lo malo, o como dijo C. H. Spurgeon , entre “lo bueno y lo que casi es bueno”. Es mirar el panorama de nuestras vidas, examinar todo lo que nos encontramos y juzgar entre lo bueno y lo malo, entre la doctrina bíblica y la falsa, entre el entretenimiento edificante y el dañino, entre la santidad y el pecado. En 1 Tesalonicenses 5:21 se nos llama a “[someter] todo a prueba, [aferrándonos] a lo bueno”. El crecimiento y el discernimiento son como un ciclo que se alimenta a sí mismo, un círculo precioso. Donde hay crecimiento espiritual, habrá discernimiento espiritual.

Pero el discernimiento no es una especie de hipercrítica que te hace incapaz de apreciar las cosas y que te convierte en un perro guardián amargado que no hace nada más que olfatear los errores de los demás. Es un llamado santo a discernir lo que es agradable a Dios y lo que no (Ro 12:1-2). Te da una libertad redentora para deleitarte en lo que es verdadero y hermoso, mientras rechazas lo que es desagradable y falso. Donde hay discernimiento habrá crecimiento.


Entonces ¿cómo obtenemos discernimiento?

En Efesios 4, Pablo explica a la iglesia en Éfeso la conexión entre el discernimiento y el crecimiento. Les dice que mientras los cristianos aprendamos de maestros piadosos, “creceremos” en Cristo y seremos cada vez menos como niños sin discernimiento que son “zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas” (v 14). En lugar de eso, conforme aumente nuestra madurez y sabiduría, también aumentará nuestro discernimiento. Y mientras hagamos esto, “creceremos hasta ser en todo como Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo” (v 15). Aquí está otra vez este hermoso círculo que se alimenta a sí mismo —el crecimiento motiva el discernimiento, el cual provoca crecimiento que motiva el discernimiento, el cual provoca... ya entiendes el punto. En Efesios 4 vemos esto en acción.

Así que, si el discernimiento es necesario para crecer espiritualmente, ¿cómo lo obtenemos? En última instancia, como todo lo demás en nuestras vidas, Dios es quien nos lo da (Dn 2:21). Su Espíritu obra en nuestros corazones y produce un cambio duradero. Pero Él también nos da la responsabilidad de buscar y encontrar discernimiento. En Efesios 5:10 nos dice: “... comprueben lo que agrada al Señor”. Aquí hay dos formas principales en las que hacemos esto.

 

1. Observa y aprende de la Palabra de Dios

Dios es la fuente de todo lo que es recto, verdadero y digno. Él es el fundamento sólido del discernimiento, así que ¿qué mejor lugar para buscarlo que en Su Palabra? Al inicio de Proverbios 2 dice que si recibes, estudias y amas las palabras de Dios, Él te dará discernimiento. Cuando fijamos nuestra mente en las cosas de Dios, nos sumergimos en lo que es perfectamente recto y, en el proceso, nos protegemos del engaño (Mt 16:23).

Dios ha escrito Su verdad en la Escritura, y tenemos acceso ilimitado a ella. Al estudiarla, somos capaces de usarla como un estándar objetivo para evaluar las enseñanzas con las que nos encontremos. Si quieres más discernimiento, lee la Biblia. Si quieres crecer, lee la Biblia.

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Si quieres más discernimiento, lee la Biblia.
Si quieres crecer, lee la Biblia.

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2. Pídele discernimiento a Dios

La segunda manera de obtener discernimiento es orando. Puede sonar infantil o como un cliché, pero si es Dios quien nos da discernimiento, deberíamos pedírselo. Si queremos crecer, necesitamos pedírselo. Eso es lo que hizo Salomón cuando se convirtió en rey de Israel. Dios se le apareció en un sueño y le dijo: “Pídeme lo que quieras” (1R 3:5). Era una invitación sin límites. Salomón respondió con gran carga y humildad:

Ahora, Señor mi Dios, me has hecho rey en lugar de mi padre David. No soy más que un muchacho, y apenas sé cómo comportarme. Sin embargo, aquí me tienes, un siervo tuyo en medio del pueblo que has escogido, un pueblo tan numeroso que es imposible contarlo. Yo te ruego que le des a Tu siervo discernimiento para gobernar a Tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo Tuyo? (1R 3:7-9).

Él era un nuevo rey. Pudo haber pedido poder político, victoria en las batallas, popularidad, fama o éxito. En lugar de todo eso, pidió la cosa más valiosa que conocía: discernimiento. Sigue el ejemplo de Salomón y pídele discernimiento al Señor con humildad y fervor. En Santiago 1:5 leemos: “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y Él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie”. Dios es la fuente de la verdad, así que si quieres saber lo que es correcto, ve a Él. Expresa tu deseo de obedecerle a través del discernimiento, y pídele que te haga madurar en esta área.


El discernimiento en la práctica

Si eres cristiano, el evangelio garantiza que crecerás. Y si estás creciendo, el evangelio garantiza que ejercitarás discernimiento. Pero ejercitar discernimiento en el mundo real puede ser difícil. Aunque la Palabra de Dios es infalible, la enseñanza del hombre no lo es. Y no solo recibimos enseñanza desde el púlpito. La encontramos en los libros, en las pantallas, en las escuelas, en la música, en la cultura —básicamente, en todas partes. Cada día nos están enseñando algo, y nuestra responsabilidad como seguidores de Jesús es distinguir entre la verdad y la mentira.

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Este artículo fue adaptado de una porción del libro Esto lo cambia todo, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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Página 100

¿Cómo puedo aprovechar mi tiempo para la gloria de Dios?

¿Cómo puedo aprovechar mi tiempo para la gloria de Dios?

Confiar en Dios con respecto a nuestro tiempo significa hacer un buen uso del tiempo que Él nos ha concedido. Suena simple, pero no lo es. Efesios 5:15-16 afirma: “Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios, sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos”. La Reina Valera Actualizada traduce “aprovechando al máximo cada momento oportuno” como “redimiendo el tiempo”. Se nos manda a que redimamos el tiempo, a que recuperemos o rescatemos nuestro tiempo de ocupaciones inútiles y lo usemos para la gloria de Dios. Pero ¿cómo podemos hacerlo? Quisiera sugerirte tres maneras.

1. Libérate del pasado

Redimir el tiempo requiere que el pasado se quede en el pasado. Podemos aferrarnos al pasado al ser indulgentes con dos emociones distintas: la nostalgia pecaminosa o el remordimiento. La nostalgia pecaminosa nos lleva a idolatrar tiempos en los que la vida era “mejor” o “más simple”, lo que resulta en insatisfacción con nuestras circunstancias presentes. Puede que añoremos los tiempos que vivimos antes de que llegaran ciertas malas noticias o en los que nuestra salud estaba mejor. Puede que queramos volver a los días en que nuestros hijos vivían en casa o en que un ser amado seguía con vida. El cambio de estaciones en la vida puede causar un anhelo natural por la manera en que las cosas solían ser, y aunque no necesariamente es pecaminoso, puede llegar a serlo. Se nos permite entristecernos cuando terminan las temporadas felices, pero no resentir su pérdida. Hay una diferencia entre echar de menos el pasado y codiciarlo. El antídoto para la codicia es siempre la gratitud: podemos luchar contra un amor pecaminoso por el pasado al contar las bendiciones que disfrutamos en el presente.


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El antídoto para la codicia es siempre la gratitud: podemos luchar contra un amor pecaminoso por el pasado al contar las bendiciones que disfrutamos en el presente.
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El remordimiento, por otro lado, nos lleva a vivir enfocadas en errores y aflicciones del pasado, lo cual nos roba el gozo de nuestras circunstancias presentes y muchas veces nos hace volver a ciertos patrones pecaminosos. Cuando era niña aprendí a cantar las palabras de Charles Wesley: “Rompe cadenas del pecar, al preso librará”. Cuántas veces he necesitado esas palabras como un recordatorio de que el poder de mis pecados pasados (o los pecados pasados de otros contra mí) ha sido anulado en el nombre de Jesús. Él sustituye mi historial de pecado por Su santidad. Cuando me desanimo por- que volví a caer en algún pecado del pasado, el “que levanta mi cabeza” me recuerda que, aunque aún no soy lo que seré, no soy lo que era. Me saca del pasado y me trae al presente con la seguridad de que hoy Él me sigue santificando poco a poco. Evita que me enfoque en las heridas del pasado al recordarme que debo perdonar, así como he sido perdonada. Podemos luchar contra las “malas noticias” del pasado al recordar y confiar en las buenas noticias del evangelio.

 

2. Libérate del futuro

Redimir el tiempo requiere que el futuro se quede en el futuro. Nos aferramos al futuro cuando somos indulgentes con dos emociones distintas: la anticipación pecaminosa y la ansiedad. Permitimos la anticipación pecaminosa al siempre estar codiciando la próxima etapa de la vida. El adolescente quiere ser un estudiante universitario. La joven mamá no puede esperar a que sus niños dejen de usar pañales. La empresaria no puede esperar a jubilarse. Anhelar el futuro no es malo en sí mismo. Ver una etapa futura de la vida como un escape del presente sí lo es. Al igual que en el caso de la nostalgia pecaminosa, la anticipación pecaminosa se reprime con la gratitud por las bendiciones que disfrutamos en el presente.

 Alimentamos la ansiedad cuando vivimos con temor al futuro. Tememos la incertidumbre o las posibilidades: la pérdida de un trabajo, una posible enfermedad o el simple hecho de no saber (o no poder controlar) lo que depara el mañana. Nuestras oraciones se caracterizan más por el anhelo de conocer el futuro que por el anhelo de vivir el presente para el Señor. Jesús nos recuerda que no debemos estar ansiosas por el futuro, “porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. ¡Ya bastante tiene cada día con su propio mal!” (Mt 6:34 RVC). El antídoto para la ansiedad es recordar y confesar que el futuro está seguro en las manos de Dios. Esto no significa que no nos preparemos para el futuro, pero debemos hacerlo por prudencia y no por temor.

 

3. Vive plenamente el presente

Redimir el tiempo requiere estar completamente presente en el presente. Malgastamos nuestro hoy cuando alimentamos dos pecados distintos: la pereza o el estar siempre ocupadas. Tanto la perezosa como la que siempre está ocupada rechazan sutilmente al Dios que ordenó los límites del tiempo. La perezosa cree que siempre habrá más tiempo para encargarse de sus responsabilidades. Hoy puede hacer lo que quiera. Se caracteriza por posponer las cosas, incumplir los plazos y poner excusas. Al igual que una que derrocha el dinero, la perezosa derrocha el tiempo sin considerar el costo, pues cree que tiene un crédito ilimitado de horas. La perezosa no cree que el tiempo que Dios ha dado sea valioso. Pero Él nos llama a redimir el presente, a ser diligentes como la hormiga, que almacena cuando es tiempo de almacenar (Pro 6:6).

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Tanto la perezosa como la que siempre está
ocupada rechazan sutilmente al Dios que ordenó
los límites del tiempo.

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La persona que siempre está ocupada cree que nunca habrá tiempo suficiente para manejar sus muchas responsabilidades. También cree que puede hacer lo que quiera con su tiempo, llenando sus días de actividades y quejándose de que no hay más horas en el día. Se caracteriza por el agotamiento y el exceso de obligaciones. Al igual que una tacaña, exprime cada pizca de productividad de cada minuto del día, pues cree que el descanso es para cuando muramos. La que siempre está ocupada cree que el tiempo que Dios ha dado no es suficiente. Debemos redimir el presente dejando tiempo para la práctica de la quietud y para guardar el día de reposo. Estas disciplinas nos ayudarán a permanecer confiadas a los pies de nuestro Señor.

Cuando trabajamos para redimir el tiempo, reflejamos a nuestro Creador. Dios es el ejemplo máximo en esto: Él redime todo el tiempo, y redime en el momento preciso. Somos llamadas a redimir los años que Él nos ha dado como parte de nuestra adoración a Él.

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Este artículo fue adaptado de una porción del libro Nadie como Él, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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Página 70

3 expectativas bíblicas de la esposa cristiana

3 expectativas bíblicas de la esposa cristiana

Así como el Señor dio instrucciones a los esposos, también da instrucciones a las esposas. Es útil recordar que lo que sigue no se aplica a todas las relaciones. Creo que hay un principio general en cuanto a los roles de los hombres y las mujeres en la sociedad, pero aquí estamos hablando específicamente de la relación entre un esposo y su esposa. Por tanto, los compromisos que presentamos aquí tienen que ver únicamente con la relación matrimonial y no se aplican de igual manera durante el período de noviazgo. Sin embargo, es muy importante que una mujer pueda creer de todo corazón que es capaz de hacer estos compromisos sin reservas con su prometido. Como con el rol del esposo, usemos tres palabras para describir el rol de la esposa.

 

1. Sumisión

Las esposas deben someterse a sus esposos. No hay duda de que este compromiso da un poco de miedo. Leer estos pasajes hacen que ese temor sea muy real. Dios deja muy en claro Sus expectativas. Estás escogiendo relacionarte con tu esposo de manera diferente a como te relaciones con todos los demás. Lo estás aceptando como tu líder y autoridad de por vida. Nota lo que dice la Biblia:

Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor (Efesios 5:22).

1 Así mismo, esposas, sométanse a sus esposos, de modo que si algunos de ellos no creen en la palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras, 2 al observar su conducta íntegra y respetuosa. 3 Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. 4 Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios. 5 Así se adornaban en tiempos antiguos las santas mujeres que esperaban en Dios, cada una sumisa a su esposo. 6 Tal es el caso de Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Ustedes son hijas de ella si hacen el bien y viven sin ningún temor (1 Pedro 3:1-6).

Someterte a tu esposo (seguirle) no significa que tu opinión será menos importante o que valdrás menos en el matrimonio. Simplemente significa que tu matrimonio es como una de esas bicicletas tándem, y que Dios quiere que uno de ustedes esté delante y el otro detrás. Por supuesto, la bicicleta irá más rápido si los dos pedalean juntos, así que su matrimonio debe estar caracterizado por el trabajo al unísono y en equipo.

Los dos estarán de acuerdo en muchas cosas, pero habrá tiempos en su matrimonio donde simplemente estarán juntos. La sumisión de un seguidor es puesta a prueba cuando el líder toma una decisión diferente a la que quiere el seguidor. Si tú, como esposa, crees que tu esposo les está llevando en una dirección que no es la mejor, puedes sentirte tentada a dejar de pedalear, pensando algo como: “Bien, si eso es lo que quieres hacer, bien por ti. Hazlo tú solo”. O peor aún, puede que te sientas tentada a dejar la bicicleta y abandonarlo. Pero someterte o seguirle significa que, a menos que tu esposo te esté llevando a pecar, vas a pedalear aun cuando quieras irte en otra dirección. Por tanto, en los días que están por venir, recuerda que es fácil someterse cuando uno obtiene lo que quiere. El reto de obedecer estos mandamientos vendrá cuando tu esposo te esté guiando por donde no quieras ir.

Alguien pudiera preguntar: “¿Cómo es esto posible? ¿Cómo puedo confiarle mi vida a alguien que puede tomar decisiones que no me van a gustar?”. Esta pregunta es válida. La respuesta nos lleva de vuelta al capítulo 1: Cuando Jesús está en el centro de tu vida y de tu matrimonio, puedes someterte gozosamente a tu esposo porque estás confiando en que el Señor está obrando en esa situación.

Debes estar preparada, porque tu esposo fallará en su liderazgo. De eso no hay duda. Y eso está bien. El fracaso es una de las cosas que Dios usa para ayudarnos a crecer y a ver nuestra necesidad de depender de Cristo. A la larga, un par de fracasos producirán un esposo más piadoso, un mejor líder y una unión más fuerte.

Es posible que tu esposo tome decisiones equivocadas, pero debes recordar que no eres inmune a la necedad. Habrá casos en los que tus decisiones tampoco hubieran glorificado a Dios ni fortalecido tu matrimonio. En esas circunstancias, puedes alabar al Señor por haberte dado un esposo que estuvo dispuesto a ejercer su liderazgo y a evitar las consecuencias de tus decisiones.


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Cuando Jesús está en el centro de tu vida y de tu matrimonio, puedes someterte gozosamente a tu esposo porque estás confiando en que el Señor está obrando en esa situación.
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La sumisión es un tema difícil, y todos luchamos con ella. Pero eso no significa que la sumisión sea mala, dañina ni un estorbo en nuestro caminar con Cristo.

Es cierto que algunos matrimonios se vuelven tóxicos. Esto sucede cuando el esposo no es un líder que conduce a su familia hacia Cristo, sino más bien uno que está tratando de construir su propio reino de opresión. Aunque yo espero y oro que tu matrimonio nunca llegue a ese punto, si llega a suceder es importante que recuerden algunos principios.

Primero, el esposo no es la autoridad final. Toda la autoridad del esposo ha sido delegada tanto por Dios como por su esposa, quien decidió someterse voluntariamente. Él es responsable ante Dios y ante su esposa por la manera en que ejerce su autoridad. Los esposos deben recordar que Dios también estableció la autoridad de la iglesia y del gobierno. En algunas circunstancias, la autoridad dada por Dios a la iglesia y al gobierno anula la autoridad del esposo. Puede que haya ocasiones cuando sea apropiado para una esposa involucrar a las autoridades civiles y al liderazgo de la iglesia. Gracias a Dios, muchas iglesias están siendo más agresivas en su oposición a esposos dictadores que quieren crear reinos de opresión.

Segundo, una esposa tiene la libertad de buscar la ayuda del liderazgo de la iglesia sin su esposo. Si ella lo ha confrontado sobre un tema en particular y él se niega a reconocer sus preocupaciones o a atenderlas bíblicamente, ella tiene el derecho, según Mateo 18:15-20, de pedirle al liderazgo de la iglesia que evalúe las circunstancias y actúe consecuentemente. No creo que una pareja que esté procurando tener a Jesús en el centro de sus vidas necesite este consejo, pero cuando el evangelio no es central en la vida de una pareja, entonces cualquier cosa puede pasar. El punto es que un esposo no puede utilizar la sumisión de una esposa para oprimirla.


2. Compañía

Génesis 2:24: 

Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

Este pasaje enseña la importancia de ser una compañera para tu esposo (y de que él lo sea para ti). Dios ha dicho: “No es bueno que el hombre esté solo”. Aunque los solteros ocupan lugares muy importantes en la Biblia, siendo Jesús el principal de ellos, hasta Pablo (que también era soltero) citó Génesis 2:24 en tres ocasiones. La Biblia ve el matrimonio como un remedio para la soledad. Dios ha determinado que haya algo poderoso y especial en vivir la vida con un compañero. Ya vimos que el matrimonio es una institución creada por Dios para Su gloria y nuestro bien. Aunque el pecado entró en el mundo, la bendición del matrimonio permanece. En Su gracia, Dios no quería que celebraras solo(a) tus victorias y bendiciones. Además, la vida en un mundo caído es difícil. Perder un trabajo, perder la casa en un incendio, estar en un accidente aparatoso, tener mala salud o perder a un hijo son experiencias increíblemente dolorosas. La presencia del Señor siempre será nuestra fuente de gozo y fortaleza, pero Él también diseñó el compañerismo del matrimonio como una fuente de consuelo y ánimo para los desafíos de la vida. A medida que se acercan al matrimonio, la idea es desarrollar corazones que digan: “Estamos juntos en esto. Puede que vengan aguas turbulentas, pero siempre las navegaremos juntos”.


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Dios ha determinado que haya algo poderoso
y especial en vivir la vida con un compañero.

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Tu compañía no es solo física. Para experimentar la profundidad de una relación debes poder disfrutar a tu esposo emocional, espiritual y físicamente. Mientras más se relacionen en estos niveles, más fuerte será su unión. A medida que crezcan juntos, se supone que irán madurando espiritualmente. Esto significa que sus emociones serán controladas cada vez más por una mente bíblica. Su conexión espiritual debe ir aumentando en la medida en que vean al Señor actuar en sus vidas a lo largo de los años. Su unión física será más fuerte entre más cómodos se sientan el uno con el otro.

Nota que Génesis 2:24 dice que la mujer debe dejar a su padre y a su madre, y el hombre también. Esto suena muy duro. Pero el punto de Dios es que tu relación humana más importante ya no es la que tuviste con tus padres en tu niñez, sino la que tendrás ahora con tu cónyuge. Tu posición va a cambiar. Puede que como mujer hayas estado viviendo con tus padres por más de veinte años, y puede que se te haga difícil confiar en un hombre que tiene mucho que probar. Pero seguir corriendo hacia tus padres no honra a Dios. Es cierto, tu esposo debe ser paciente en ese proceso de romper el vínculo con tus padres y formar un nuevo vínculo con él.1 Pero no olvides que Dios espera que desarrolles ese nuevo vínculo con tu esposo.

3. Respeto

Efesios 5:33:

En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.

Una tercera palabra que resume el rol que Dios le ha dado a la esposa es “respeto”. En realidad, Efesios 5:33 es un resumen de todo lo que Dios dijo en los versículos 22 al 33, así que lo que el Señor ha escrito acerca de las mujeres en este pasaje está englobado en el concepto del “respeto”. Cuando unimos esto a lo que dice en Colosenses 3:9, vemos que hay un patrón. Algunas mujeres irritan a sus esposos, lo cual hace que ellos se amarguen fácilmente contra ellas. Esto no excusa la amargura de los esposos, pero demuestra el poder que tienen las esposas sobre las vidas de sus esposos. Hay muchas maneras en las que una esposa puede respetar a su esposo, pero aquí presento tres.

Primero, una esposa puede respetar a su esposo reconociendo todas las maneras en que él es una bendición para ella. Es sorprendente ver cómo cambian las cosas cuando cambia nuestra manera de pensar. Tal vez por eso el Señor nos animó en Filipenses 4:8-9 a pensar en todo lo verdadero, todo lo amable, todo lo excelente y todo lo que merezca elogio. Las cosas que decidas resaltar en tu esposo van a impactar significativamente la forma en que lo ves. Si decides enfocarte en sus fracasos (y él, como todos nosotros, tendrá muchos de esos), todo lo que él haga será frustrante, irritante y molesto para ti. Puede que hasta lo consideres un obstáculo para lograr tus objetivos. Pero si escoges verlo como la bendición que él es para ti, lo verás como un regalo de Dios, diseñado (en parte) para enriquecer tu vida. Y lo amarás porque te trata con amabilidad, gentileza y cuidado.

Segundo, una esposa puede respetar a su esposo negándose a decir: “Te lo dije”. Habrá muchos momentos en tu matrimonio donde tendrás la razón. El hecho de que él esté en la posición de liderazgo no significa que él siempre tomará la decisión correcta. A veces él hará cosas que sencillamente son estúpidas, y tendrás que sufrir las consecuencias. Pero eso no significa que tienes que recordárselo. A menos que tu esposo sea muy egocéntrico, él no se sentirá orgulloso de sus errores. De hecho, él se avergonzará de ellos. Esta vergüenza debe llevarlo a un verdadero arrepentimiento, no a una tristeza mundana que no produce buen fruto (2Co 7:10). Sin embargo, asumiendo que tu futuro esposo quiere vivir para el Señor, una manera de animar su liderazgo es no recordarle cuán necio es.

Tercero, una esposa puede respetar a su esposo animándole en sus éxitos. Sé que a algunas mujeres no les gusta la analogía de las porristas, pero me ayuda a explicar este punto. Como esposa, eres la que más puede animarle y apoyarle en esta vida. Cuando estuve terminando mi PhD, muchas veces quise rendirme. Pero en cada uno de esos momentos, mi esposa estuvo animándome, dándome tiempo para trabajar en mi proyecto y celebrando cada victoria en el camino. Tu esposo será bendecido cuando celebres sus éxitos.

Si los dos se comprometen a cumplir con los roles que Dios les asignó, experimentarán el gozo de honrar a Dios en su matrimonio. Consideren esto: si se casan a los veinticinco y viven hasta los ochenta, habrán pasado cincuenta y cinco años juntos. Las decisiones que tomen ahora respecto a sus roles impactarán la mayor parte de sus vidas. Si viven conforme al diseño de Dios, tendrán algunas dificultades en el camino, pero podrán sobrellevarlas juntos. Cuídate de esa mentalidad que dice: “Yo cumpliré con mi rol si tú cumples con el tuyo”. Si Jesús es el centro de sus vidas y de su matrimonio, ambos querrán asumir sus roles porque es un gozo y un honor vivir para Cristo.

¿Has notado que Dios nos ha dado mucha flexibilidad en cuanto a los detalles de cómo vivir en el hogar? La Biblia no dice quién debe organizar las finanzas ni quién debe lavar, cocinar, limpiar o encargarse del automóvil. Dios ha dado diferentes dones a cada uno. Lo que funciona para una pareja no necesariamente funcionará para la otra. Cada pareja tiene que aprender qué funciona mejor según las personalidades, habilidades, dones y deseos de ambos.

Así que les animo a que disfruten el proceso de construir esa vida juntos. Puede que ciertas cosas cambien con el tiempo, pero si Jesús es el centro de sus vidas, tendrán gozo aun en las dificultades. Lo único innegociable es lo que Dios espera del esposo y de la esposa. Jesús nos equipa por medio del Espíritu para que podamos hacer la voluntad de Dios. Sus estándares son altos, pero no imposibles. No podremos cumplirlos perfectamente, por supuesto, pero eso es lo que nos lleva a recordar constantemente nuestra necesidad del evangelio —para ser humildes, para ser perdonados, para hallar gracia y para recibir el poder de Dios. Jesús debe ser el centro de sus vidas y ustedes deben estar dispuestos a invertir sus mentes, sus cuerpos y sus almas para construir su relación alrededor de Él. Al hacerlo tendrán gran libertad y gozo en Él.

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Este artículo fue adaptado de una porción del libro De camino al matrimonio, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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Página 70 a la 76

¿Cómo confiar en Dios cuando otros te juzgan por tu apariencia física?

¿Cómo confiar en Dios cuando otros te juzgan por tu apariencia física?

El hecho de que nuestra cultura esté obsesionada con la belleza hace que sea muy común la discriminación y la crueldad. Estas condiciones dan lugar a muchas pruebas para las mujeres. Pocas cosas duelen tanto como el ser maltratada por nuestra apariencia. Nuestra apariencia está tan ligada a nuestra identidad, que cualquier crítica nos hiere en lo más profundo de nuestro ser. Se siente tan injusto porque es injusto.

Tal vez hemos experimentado rechazo por nuestra apariencia. En la escuela no somos populares, no nos incluyen, ni nos invitan. O tal vez nos hemos sentido desmoralizadas en el trabajo por todas las veces que le han dado el ascenso a las más atractivas, aun cuando nosotras calificamos más que ellas.

Puede que tengamos recuerdos dolorosos de cómo se burlaban de nosotros y nos criticaban cruelmente en nuestra propia cara o a nuestras espaldas. Tal vez tu familia te presiona para que seas hermosa, y sientes que nunca darás la talla.


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Aún en los casos en que experimentemos sufrimiento
de manera injusta por causa de nuestra apariencia,
Dios nos llama a confiar en Él.
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O tal vez tu esposo ha estado mirando pornografía. Esto no quiere decir que no seas atractiva para él, pero hay mujeres que lo perciben como un ataque personal hacia su belleza. O más doloroso aún, puede que tu esposo haya cometido adulterio o te haya abandonado por una mujer más joven y más atractiva.

Hay muchos ejemplos, que van desde algo ligeramente vergonzoso a algo completamente devastador.

Como mujeres, puede que abracemos la verdad de Dios acerca de la belleza, pero seguimos viviendo en el mundo real, ¿no es así? A veces parece que no importa cuánto nos esforcemos por honrar a Dios con nuestros cuerpos, por más que nos vistamos modestamente y contemplemos la hermosura de Dios, en lugar de honrarnos y animarnos, nos sentimos aplastadas por otros, incluso hasta por los mismos cristianos.

Estas situaciones pueden tentarnos a sentir amargura o hasta contraatacar, pero ambas cosas reflejan lo contrario de un espíritu suave y apacible. Y es que aún en los casos en que experimentemos sufrimiento de manera injusta por causa de nuestra apariencia, Dios nos llama a confiar en Él. Él envió a su Hijo a cargar con nuestros pecados y nos muestra cómo sobrellevar el maltrato:

Cristo sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan Sus pasos. Él no cometió ningún pecado, ni hubo engaño en Su boca. Cuando proferían insultos contra Él, no replicaba con insultos; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba a Aquel que juzga con justicia (1P 2:21-23).

El secreto para llegar a ser más hermosas es entregarnos a Aquel que juzga con justicia. Las personas pueden ser injustas, pero Dios no lo es. John Piper nos pregunta:

¿Lo crees? ¿Confías en que Dios, quien ve todo el mal cometido en tu contra, conoce cada dolor, y evalúa las motivaciones y las circunstancias con exactitud perfecta? ¿Crees que Él es impecablemente justo y no acepta sobornos, y que ajustará todas las cuentas con justicia perfecta? Esto es lo que significa estar ‘consciente de Dios’ en medio del sufrimiento injusto.

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Ella muestra una belleza notable y
poco común porque ha aprendido
a esperar en Dios.
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Al ver más allá de las injusticias cometidas en contra de nosotras y fijar nuestra mirada en la justicia perfecta de Dios, podemos soportar las crueldades de otros con respecto a nuestra apariencia sin querer vengarnos. Pero Piper añade que “Esto no es simplemente una regla a seguir. Es un milagro que experimentamos. Una gracia que recibimos. Una promesa que debemos creer”.

Dios no solo ve y toma nota de cada maltrato, sino que también ve nuestra obediencia. Él ve todo y no se le olvida nada. Aun cuando no vemos las cosas solucionadas o nuestros esfuerzos recompensados en el tiempo en que esperamos, o al grado en que desearíamos, podemos confiar en que Dios juzgará justamente. Puede que sea difícil, y a veces hasta agonizante, esperar pacientemente a que esa justicia se cumpla, pero Cristo nos ha dejado Su ejemplo. Cuando seguimos sus pasos, podemos resistir la tentación de sentir amargura o querer contraatacar. Podemos, al igual que nuestro Salvador, seguir confiando y entregándonos a Dios”.

La mujer que decide mirar a Dios cuando es maltratada llegará a ser más hermosa a través del sufrimiento. En su cara no se verán las marcas de la amargura ni un rostro perturbado. Ella muestra una belleza notable y poco común porque ha aprendido a esperar en Dios. Su felicidad no está al alcance de aquellos que la han maltratado.

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Este artículo fue adaptado de una porción del libro Belleza Verdadera, publicado por Poiema Publicaciones.
Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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Página 90 a la 92

 

El poder de la Palabra de Dios

El poder de la Palabra de Dios

"En el principio creó Dios los cielos y la tierra". Estas son las palabras con las que Dios da inicio a Su revelación a la humanidad (Gn 1:1). La historia bíblica inicia confirmando la existencia de Dios, quien ha estado presente por la eternidad. Tan pronto como esto es establecido, el poder de Su palabra se hace evidente. La historia nos permite ver cómo Su palabra no solo tiene poder de crear, sino también poder de organizar lo creado (Gn I), porque "la Palabra de Dios no solo es poderosa, sino que tiene un propósito". Una cosa es crear, y otra muy diferente es crear de manera ordenada. Dios (y por lo tanto Su palabra) no solo es poderoso, sino omnipotente, y no solo es omnipotente, sino también intencional. En teología se dice que Dios es simple (no simplista); es decir, todo lo que Dios es lo es a través de todo Su ser. Si Dios es infinito —y lo es— entonces Su amor es infinito, al igual que Su gracia y el resto de Sus atributos. Si Dios es omnipotente, entonces también lo es Su palabra. Y debido a que Dios es intencional, cuando Dios habla, lo que comunica es una palabra llena de propósito y de poder, que siempre llevará a cabo lo que Él desea. Así fue como el universo se originó: primero en la mente de Dios y después mediante el poder de Su palabra. Así como Dios organizó el universo con Su palabra, así organizaría a las naciones. La creación de las naciones y el establecimiento de su base moral fue Su idea en primer lugar (Gn 11, Hch 17:26).

Cuando Dios habla, hay respuesta a Su palabra porque Su palabra es tanto una expresión de Su voluntad como "una expresión de Él mismo". Cuando Dios habla, las cosas se mueven, los eventos suceden, las montañas tiemblan, las aguas retroceden. La palabra de Dios es eficaz y cumple Su propósito. Cuando Dios dijo: "Júntense en un lugar las aguas que están debajo de los cielos", las aguas se juntaron en un lugar y se descubrió lo seco. No hubo caos debajo del cielo cuando las aguas se movieron. Así es el poder organizacional de la palabra de Dios. Cuando Dios dijo: "Produzca la tierra vegetación", los árboles aparecieron donde debían y produjeron fruto. Cuando Dios dijo: "Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche", el sol y la luna fueron creados del tamaño y a la distancia necesaria para mantener la vida. Una luna un poco más grande o un poco más cerca hubiera causado mareas tan altas que inundarían el planeta y cambiarían su eje peligrosamente. No hubo confusión ante la voz de Dios. Cuando Dios terminó de crear el universo, vio todo lo que había hecho y concluyó que "era bueno en gran manera" (Gn 1:31). Esto era de esperarse, ya que "las obras expresan la mente, el espíritu, la voluntad y el carácter del creador". Así, lo que Dios había hecho era bueno porque le reflejaba. Cuando Dios habla, emana un poder capaz de crear lo que Él tiene previsto. Eso es lo que Dios dijo por medio del profeta Isaías en 55:11: "Así será Mi palabra que sale de Mi boca, no volverá a Mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié". Esto fue verdad al momento de la creación, y lo fue también al pie del monte Sinaí, cuando Dios entregó Su ley al pueblo de Israel.

Con esto podemos concluir que la palabra de Dios es poderosa, pero no es simplemente una fuerza. No es como la fuerza de gravedad que atrae las cosas hacia abajo pero sin ordenarlas al caer. La palabra de Dios no solo es poderosa, sino que tiene un propósito y es de incuestionable autoridad. Ninguna voz es como la de Él y ningún otro poder fuerza tienen estas características. Es única. Cuando Dios habló, que creó no fue solamente un universo material, sino un cosmos en equilibrio perfecto e intencional. Así, el mundo se convirtió en el escenario donde Dios planeaba mostrar Su gloria (theatrium gloriae), en palabras de Juan Calvino.

La casualidad no pudo haber creado esto porque carece de la inteligencia para diseñar, de propósito para organizar y de todas las cualidades que posee un Ser infinito para crear algo de la nada. De hecho, la casualidad es solo una posibilidad una vez que los eventos han ocurrido. Nada había sucedido hasta que Dios creó de la forma en que lo hizo. La casualidad no tiene poder porque no tiene existencia. Pero en el principio estaba Dios. Él es la causa detrás del efecto, como debe serlo. Si algo existe, alguien en algún lugar debe tener el poder de la existencia, y ese alguien es Elohim, el Dios creador. Su palabra no es sólo responsable de crearlo todo, sino también de sustentarlo todo. En Dios reside el poder de la existencia. Esto es lo que se nos reveló en Hebreos 1:3: "Él es el resplandor de Su gloria y la expresión exacta de Su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder".

Ahora bien, esa misma palabra divina creadora es la misma que estableció la formación del pueblo de Israel en el monte Sinaí. Las naciones no son capaces de existir sin un poder organizador y sustentador que les provea de dirección, estabilidad, integración y esperanza. Esto es lo que una cosmovisión congruente debe detallar. Cuando una cosmovisión es articulada y defendida ante un mundo incrédulo, muchos prestan atención. Esta cosmovisión puede incluso abrir la puerta a la presentación del evangelio completo.

Los Diez Mandamientos representan los principios éticos necesarios para la organización de la sociedad. Más de dos millones de judíos vagando en el desierto fueron organizados como una nación basada en estos mandamientos. Aunque el pueblo no los obedeció al pie de la letra, estos mandamientos enseñaron al pueblo cómo vivir y crearon un marco para ayudarlos a vivir de forma civilizada, como sucedió después con las naciones del occidente. Estos mandamientos forman parte de la palabra de Dios, que es poder en acción. Dios "sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder" (Heb 1:3). El apóstol Pablo, hablando a los ciudadanos de Atenas, los cuales no conocían a Dios, les dijo que "de uno hizo todas las naciones del mundo" (Hch 17:26) y en contexto añade "porque en Él vivimos, nos movemos y existimos" (Hch 17:28). El poder que sustenta el universo entero, incluyendo la humanidad, reside en Dios.

Dios y Su palabra nunca existen por separado. Su palabra es un perfecto reflejo de quién es Él. Como lo establece John Frame:

Así que la palabra es Dios. Donde sea que encontremos la palabra de Dios, encontramos a Dios. Cuando encontramos a Dios, encontramos Su palabra. No podemos encontrar a Dios sin Su palabra, o a Su palabra sin Dios. La palabra de Dios y Dios son inseparables. De hecho, Su palabra es la presencia de Dios. Donde la palabra de Dios sea predicada, leída o escuchada, ahí estará Dios.

Existen dos cosas que representan la esencia de Dios: Su nombre y Su palabra. Por esta razón, el salmista dice en el Salmo 138:2: "Porque has engrandecido Tu palabra conforme a todo Tu nombre".

 

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Este artículo fue adaptado de una porción del libro La palabra de Dios para transformar una nación, publicado por Poiema Publicaciones.
Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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