Mensajes subcristianos en la predicación

Mensajes subcristianos en la predicación

Si no identificamos los propósitos redentores de un texto, podemos decir todas las palabras correctas acerca de un texto bíblico y aun así enviar todas las señales incorrectas. Escucho ejemplos de esta falta de comunicación casi cada vez que la estación de radio más escuchada en nuestra ciudad transmite su “meditación” matutina. En cada meditación, el predicador trata un tema —la procrastinación, el cuidado de los hijos, la honestidad en el trabajo, etc.— con uno o dos versículos bíblicos. La estación aumenta la reverberación durante el minuto inspirador, de tal forma que suena como si las palabras vinieran directamente del monte Sinaí. No poner atención parece casi pecado. Mientras el predicador nos recuerda practicar la puntualidad, la buena paternidad y la ética en los negocios, me imagino a miles de oyentes cristianos asintiendo con sus cabezas y diciendo al unísono: “Es cierto... así es como debemos vivir”.

He puesto grabaciones de estas meditaciones en mis clases de seminario y he preguntado si alguien puede discernir el error. Casi nunca detectan un problema. El expositor cita de la Biblia con precisión, defiende causas morales y promueve conductas amorosas. Así que los estudiantes se asombran cuando les señalo que el predicador de la radio no es cristiano. De hecho, representa a una gran secta.

¿Cómo es esto posible? ¿Cómo pueden tantos cristianos (aun aquellos bien informados) aprobar con tanta facilidad las palabras de alguien cuyos compromisos son radicalmente anticristianos? La respuesta es que el locutor de radio no revela su herejía en lo que dice, sino en lo que no dice. Nunca hablará sobre la obra expiatoria de Cristo ni sobre la habilitación del Espíritu Santo. Cada mensaje se centra en la superación humana por medio de la fuerza de voluntad humana. Pero este enfoque no es lo más penoso. El problema más significativo es que muchos cristianos aprueban sus mensajes porque difieren muy poco de los sermones que escuchamos regularmente de los predicadores evangélicos.

Un mensaje que solo aboga por la moralidad y la compasión sigue siendo subcristiano, aun cuando el predicador pueda probar que la Biblia demanda tales conductas. Al ignorar el estado caído de la humanidad y el hecho de que nuestras mejores obras necesitan el rescate de Dios (Is 64:6; Lc 17:10), y al descuidar la gracia de Dios que hace que la obediencia sea posible y aceptable (1Co 15:10; Ef 2:8-9), estos mensajes trastornan el mensaje cristiano. A menudo los predicadores cristianos no reconocen este impacto antievangélico en su predicación porque están simplemente promoviendo una conducta que se especifica claramente en la porción del texto que tienen delante. Pero un mensaje que enseñe incluso inadvertidamente que nuestras obras son el único requisito para obtener la aceptación de Dios terminará alejando a la gente del evangelio. Por sí mismas, las máximas morales y las exhortaciones a mantener la ética que no llevan a una dependencia piadosa no solo son subcristianas, sino que son anticristianas. Jay Adams lo explica con una elocuencia apasionada:

Si predicas un sermón que sería aceptable para el miembro de una sinagoga judía o para una congregación unitaria, hay un serio problema con el mismo. La predicación verdaderamente cristiana es inconfundible. Y lo que la hace inconfundible es la presencia dominante de un Cristo salvador y santificador. Jesucristo debe estar en el centro de cada sermón que predicas. Esto es igual de cierto para la predicación que edifica como para la predicación evangelística.

... La predicación para edificación siempre debe ser evangélica; eso es lo que la hace moral y no moralista, y lo que hace que esta sea inaceptable en una sinagoga, una mezquita o una congregación unitaria. Con evangélica, me refiero a que la importancia de la muerte y resurrección de Cristo —Su muerte sustitutiva y resurrección corporal— para el tema a considerar se muestra claramente en el sermón. No debes exhortar a tu congregación a hacer cualquier cosa que la Biblia requiera de ellos como si ellos pudieran cumplir esos requisitos por ellos mismos, sino solo como una consecuencia del poder salvador de la cruz y de la presencia santificadora de Cristo en la persona del Espíritu Santo. Para ser cristiana, toda predicación para edificación debe considerar plenamente la gracia de Dios en la salvación y en la santificación.

Todas las demás religiones enseñan que los humanos alcanzan a Dios por alguna medida de esfuerzo o a través de algún estado mental, pero la afirmación única del cristianismo es que Dios nos alcanza con gracia debido a nuestra insuficiencia. La Biblia enseña que nuestra relación con Dios no se basa en lo que hacemos sino en lo que Cristo ha hecho: nuestra fe está en Su obra, no en la nuestra (Gá 2:20). Por tanto, una descripción precisa de los mandatos bíblicos no garantiza la ortodoxia cristiana. Las exhortaciones a cumplir con una conducta moral sin la obra del Salvador se convierten en mero fariseísmo, aun cuando los predicadores promuevan las acciones con apoyo bíblico y buenas intenciones. Una espiritualidad basada únicamente en la conducta personal no puede escapar de su órbita centrada en el humano, aunque su intención sea elevarlo a lo divino.

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Este artículo fue adaptado de una porción del libro La predicación Cristocéntrica, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
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