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¿Qué es la oración y cómo debemos orar?

¿Qué es la oración y cómo debemos orar?

La oración es derramar nuestros corazones a Dios en alabanza, petición, confesión de pecado y agradecimiento.

Salmo 62:8:

Confía siempre en Él, pueblo mío; ábrele tu corazón cuando estés ante Él. ¡Dios es nuestro refugio!

ABRAHAM BOOTH

Debido a que los enemigos de tu alma son empedernidos, sutiles y poderosos, y tus marcos espirituales son inconstantes, es altamente necesario que vivas recordando continuamente aquellas consideraciones. ¿Qué sería más recomendable y necesario que caminar cuidadosamente; que velar y orar, no sea que entres en tentación? Siempre debes recordar tu propia debilidad e insuficiencia y reflejarla en tu conducta. Debido a que la corrupción de la naturaleza es un enemigo que siempre está cerca de ti, y siempre dentro de ti, mientras vivas en la tierra; y debido a que está fuertemente dispuesta a ceder ante cada tentación; deberías “por sobre todas las cosas [cuidar] tu corazón”. Cuida, cuida diligentemente, todas sus imaginaciones, emociones y tendencias. Considera cuándo surgen y hacia qué se inclinan antes de ejecutar cualquier propósito. Tan grande es el engaño del corazón humano que “el que confía en su propio corazón es un necio”; ignorante de su peligro y sin considerar sus mejores intereses. Esta consideración debería provocar que todo hijo de Dios doble sus rodillas suplicantes, con la mayor frecuencia, humildad y fervor; que viva ante el trono de la gracia y no se aleje de ahí para ponerse al alcance del peligro. Cuanto más veamos la fortaleza de nuestros adversarios y el peligro en el que estamos, tanto más debemos ejercitarnos en la oración ferviente. ¿Puedes tú, cristiano, ser indiferente y descuidado cuando el mundo, la carne y el diablo son tus implacables e incansables oponentes?

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“Cuanto más veamos la fortaleza de nuestros adversarios y el peligro en el que estamos, tanto más debemos ejercitarnos en la oración ferviente.”
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JOHN PIPER


La única forma de andar en el Espíritu es por medio de la oración. Es la única manera de caminar por fe. En otras palabras, la oración es el aliento diario de la vida cristiana. Es un estilo de vida.

Permíteme ilustrar esto con cuatro elementos del catecismo: confesión, petición, alabanza y agradecimiento. Te invito a que en cada ocasión donde sientas que necesitas ayuda, enfrentes ese momento orando y utilizando estos cuatro elementos.

Supongamos que tengo que hablar frente a un grupo y estoy nervioso (puedes elegir cualquier situación que te sea difícil). A medida que se acerca el momento, me pregunto: "¿Seré capaz de hacer esto? ¿Recordaré lo que tengo que decir? ¿Quedaré como un tonto?”. Y en ese momento confieso mi necesidad a Dios y le digo: “Señor, soy un pecador. No merezco Tu ayuda, pero la necesito. No puedo hacer nada sin Ti”. Ese es el paso de confesión en la oración.

Después convierto mi confesión en petición. “Señor, por favor ayúdame. Necesito una buena memoria. Necesito buena articulación. Necesito la actitud adecuada. Necesito humildad. Necesito poder mirar a las personas a los ojos. Necesito todas estas cosas. Quiero ser de ayuda a mis oyentes. Pero estas cosas no están en mí. Ayúdame”. Ese es el paso de petición en la oración. Un clamor por ayuda.

Y después tengo que pensar en algún atributo de Dios que me lleve a alabarle y a confiar en Él. Por ejemplo, Dios dice: “Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con Mi diestra victoriosa” (Is 41:10). Yo me aferro a esa promesa, a ese poder, ese amor y esa misericordia; confío en Él y lo alabo. “Tú, Señor, puedes ayudarme. Confío en que me ayudarás. Te alabo por ser la clase de Dios que está dispuesto, y es capaz, de ayudarme”. Ese es el paso de confianza y alabanza en la oración.

Luego predico, confiando en Él. Y cuando termino, sin importar qué suceda, le doy las gracias. Debido a que confié en que Él me ayudaría, creo que utilizará mi esfuerzo independientemente de cuán bien yo crea que me haya ido. “¡Gracias, Señor!”. Ese es el paso del agradecimiento en la oración.

Ahí están—cuatro palabras claves del catecismo.

Primero, confiesa continuamente tu necesidad al Señor. “Te necesito”.

Segundo, pide, clama por ayuda. “¡Ayúdame!”.

Tercero, aférrate a las promesas de Dios con confianza y alabanza por Su capacidad para cumplirlas.

Y después, cuando te ayude, ve y dile: “Gracias”.

Ese es el ritmo de la vida cristiana, el aire para el cristiano.

¿Cómo podemos protegernos de los efectos mortales del dinero?

¿Cómo podemos protegernos de los efectos mortales del dinero?

Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento

A través de los años, me ha sorprendido —considerando la advertencia de Jesús de que las riquezas hacen que sea difícil que las personas entren al cielo, y la advertencia de Pablo al decir que los que desean ser ricos caen en ruina y en destrucción— lo extraño de que tantos cristianos aún persigan las riquezas. Parece ser que no les creen o que piensan que serán la excepción a la regla, o que simplemente no creen que la Palabra de Dios pueda decir lo que dice.

Pero Pablo es claro —desear ser rico es mortal. Y hay más. La clave de este texto está en el versículo 6: “Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (RV60). ¿Cómo podemos protegernos de esos efectos mortales del dinero? Respuesta: con un corazón que esté contento en Dios. ¿Estás profundamente satisfecho en Dios, de tal manera que esa satisfacción, ese contentamiento, no colapsa cuando Dios te envía riquezas o escasez? La escasez puede destruir el contentamiento en Dios al hacernos sentir que Él no tiene cuidado de nosotros o que no tiene el poder para darnos lo que creemos necesitar. Y la abundancia puede destruir nuestro contentamiento en Dios al hacernos sentir que Dios no es indispensable, o que su valor como ayudador y tesoro es muy inferior al que realmente tiene.

No es poca cosa aprender a mantener nuestro contentamiento en Dios. Este es el propósito de nuestra vida —mostrar que Dios es increíblemente glorioso. Y eso se refleja, entre otras formas, cuando demostramos que Él es suficiente para darnos el contentamiento en los mejores y peores momentos de nuestra vida. Pablo aprendió el secreto para lograr esto:

11 No digo esto porque esté necesitado, pues he aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre. 12 Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Fil 4:11-13).

Pablo aprendió a contentarse. Esta es la clave para el uso apropiado del dinero en 1 Timoteo 6:5-10. Pablo dijo que aprendió el secreto de su contentamiento. “Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias” (Fil 4:12). ¿Cuál era el secreto? Creo que nos lo dice en el capítulo anterior de Filipenses: “Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por Él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo” (3:8). En otras palabras, para ponerlo en términos actuales, si el mercado de valores sube y él obtiene ganancias, diría: “Jesús es más valioso y satisfactorio que ver que mis riquezas aumenten”. Y si el mercado de valores baja y él tiene pérdidas económicas, diría: “Jesús es más valioso y satisfactorio que todo lo que he perdido”. La gloria, la belleza y el valor de Cristo constituían el secreto del contentamiento que evitaba que el dinero lo controlara.

Extraído del libro Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder